ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Salvar las librerías

24/05/2020

No gritan, no piden Hablar, Hablar, Hablar, que significa presionar, conseguir tratos favorables, que los poderes públicos se pongan de tu parte y olviden parte del los intereses colectivos. Tal vez por eso es un sector  vulnerable, muy vulnerable, ahora que todos nos sentimos vulnerables y  victimas. Son las librerías. Sobre todo, librerías de provincias. Integran un sector minoritario, entre el comercio y la cultura. Venden un producto, los libros,  de consumo escaso, demasiado escaso, me atrevería a escribir. Los índices de lectura en Toledo no son para tirar cohetes. Además, las ventas siempre tienen márgenes pequeños. Pero son imprescindibles. Una ciudad sin librerías, como sin prensa diaria, es una ciudad disminuida,  incompleta, con futuro dudoso.
Les contaré una historia. Sucedió en Toledo. Hace años  no había ni una  librería en la histórica ciudad. Sí alguien quería comprar un libro tenía que ir a Madrid. Un grupo de gentes diversas decidieron acabar con la situación. Sentían vergüenza. Se acercaba el final de la dictadura. La democracia se asomaba a  las puertas de la libertad. La democracia había que prepararla con libros. ¡Gente ilusa! Esa gente decidió aportar de su bolsillo una cantidad de dinero igual (crowdfunding antes del crowdfunding) para abrir una librería. Fue el origen de la librería Fuenteovejuna, más tarde Hojablanca. Y pronto se convirtió en un lugar de encuentro, de reunión, un espacio luminoso en el que se podían comprar libros. Libros, si, libros. Impresos en papel. De esos que se pueden ver, oler, acariciar, subrayar, anotar. Aquella librería se convirtió en un resorte de esperanza: en la ciudad gris, que dejaba la dictadura, se podía entrever un horizonte con otros colores.
Los libros  representan la resistencia, la libertad entre paredes en tiempos de aislamiento. Con los libros  introduces en tu casa personajes que no te abandonarán hasta que tú lo decidas. Simbolizan la rebeldía contra quienes nos prefieren inertes frente a los televisores, enfangados en  programas basura, frente al consumismo de manada en monótonos centros comerciales, contrarios a la zafiedad de los discursos que buscan  la polarización, el incendio de la convivencia. Leer es imaginar, es pensar, es conocimiento propio y del otro, de nuestro entorno y del ajeno.
Esta es una llamada en nombre de las librerías, que nadie me ha pedido. Dirigida a los ciudadanos, pero también a los poderes públicos. Para que cada uno colabore con ellas por la especialidad de su producto. Hay que salvar las pocas librerías que existen en la ciudad.