VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


El perdón

El lehendakari vasco ha pedido esta semana disculpas. No es habitual que los dirigentes políticos españoles entonen el mea culpa, por lo que es bienvenida su petición de perdón. Lo que hay que lamentar es la escasa credibilidad que ostentan al hacerlo. Urkullu y el quite del perdón. Con él ha intentado capear, haciendo una larga cambiada, el escándalo que salpica a su gobierno por lo ocurrido en el vertedero de Zaldibar, por una gestión desastrosa a la que no hizo el menor caso el lehendakari en una fase inicial porque estaba más preocupado por la convocatoria de elecciones anticipadas en el País Vasco, que van a adelantarse seis meses por expreso interés de su partido político. Cuando Urkullu se ha dado cuenta de la magnitud real de lo que está ocurriendo desde hace demasiados días ya en la comarca del Duranguesado, ha pedido disculpas con rostro compungido en una sesión de la Diputación Permanente del parlamento vasco.

El perdón a la española no tiene parangón en los países a los que España es homologable. Lo pido y se acabó el asunto. Yo ya he reconocido mis errores, me he quitado de encima ese molesto problema, he aclarado además que no hemos metido la pata a propósito, y a otra cosa. Yo sigo en mi despacho limpio ya de tacha alguna. Nada parecido a aquello que reclamaba Podemos hace años: “el perdón sólo se conjuga dimitiendo”. Depende quién, claro. Íñigo, tranquilo, que no es usted del PP. No tiene nada que temer. Se aceptan sus disculpas y a seguir trabajando. Dos personas sepultadas un par de semanas bajo una montaña de escombros, pero nadie le culpará del desastre. Es usted del PNV. No habrá monográficos en la televisión ni comisiones de investigación que reclamen responsabilidades. El PNV ya tiene su Prestige, pero descuide. También tuvo su Gürtel, el caso De Miguel, del que nadie ha oído hablar, y ni por asomo tendrá coste alguno en las urnas ni en la imagen de su partido centenario.

El perdón es una herramienta que queda bien y permite reconciliarte con los tuyos y con los ajenos. Hace pocos días al propio vicepresidente Iglesias se le puso a tiro la disculpa piadosa, y no perdió la ocasión para escenificarla. Los más papistas de su partido interpretaron que estar ahora en el gobierno implicaba una nueva posición en torno al torturador Billy el Niño, un asunto prioritario para ellos cuando estaban en la oposición, y se negaron a exigir que se difunda su historial. Pero el líder lo arregló pidiendo disculpas, rectificando a los suyos con un perdón que zanja cualquier duda. Perdón, y vale ya.



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