COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Un año intensísimo

13/01/2021

Se cumple un año de la toma de posesión del segundo gobierno de Pedro Sánchez y el primero de coalición –y de izquierdas-al frente del país desde la recuperación de la democracia. Un año en el que el Gobierno ha tenido que hace frente a situaciones insólitas como la pandemia del covid-19 que ha arrasado la economía y el empleo, en el que se ha desatado una crisis institucional sin precedente en varios frentes, sobre todo tras las investigaciones sobre los asuntos financieros del rey emérito y la situación de prórroga del mandato del órgano de gobierno de los jueces, o la negociación de los Presupuestos Generales del Estado aprobados con el apoyo de grupos independentistas, que no ocultan su deseo de acabar con el ‘régimen del 78’.    

En la gestión de todas estas crisis simultáneas se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío según el color ideológico con el que se mire la actuación del Gobierno, sobre todo en el caso de la pandemia. Para unos el peor gobierno en el peor momento no ha estado en ningún momento, ni tan siquiera ahora diez meses después, a la altura de las circunstancias, siempre a remolque de la evolución de los contagios, o desaparecido en ocasiones o dando bandazos en otras.  Una circunstancia que se quiso aprovechar desde la oposición de derechas para tumbar al Ejecutivo sin conseguirlo y que también ha mantenido una posición errática al pedir una cosa y la contraria según el momento político. El Gobierno lo aprovechó, impulsó la cogobernanza y dio a los gobiernos autonómicos el mando de la situación, como demandaban. El resultado ha sido la misma actuación manifiestamente mejorable.  

Además del indeterminado número de víctimas mortales y de contagiados que deja el covid-19 la principal secuela de la pandemia es la económica, con un aumento del paro que puede ser mayor a medida que se resuelvan los ERTE. Pedro Sánchez puso todo su empeño en lograr la aprobación de las cuentas públicas que son el salvoconducto que le puede permitir terminar la legislatura, y los ha utilizado para canalizar las ayudas del Fondo de Recuperación europeo, antes de que el péndulo vuelva a la senda de la austeridad. Los votos de ERC y de EH Bildu a los presupuestos logrados por las gestiones del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, que los ha puesto ‘en la dirección del Estado’ es a la vez síntoma de una cierta normalidad derivada de las matemáticas parlamentarias y reconocimiento del pluralismo –lo que ha ocurrido en otras ocasiones, pero sin los independentistas vascos- y motivo de crispación política.  

Lo que no ha conseguido Pedro Sánchez en este año es que ‘el Gobierno del insomnio’ hable con una sola voz, porque los ministro de Unidas Podemos han sido a la vez gobierno y oposición y han generado numerosos debates públicos en lo que ha impuesto sus tesis y ha dado la impresión de que la parte socialista del Gobierno iba a remolque de sus iniciativas. Y sobre todo ha acelerado su campaña contra la monarquía, lo que ha convertido al PSOE en el principal valedor de la Corona.  En el plano legislativo, el Gobierno ha aprobado o impulsado la enésima ley de educación, la de eutanasia, la de memoria democrática, la de protección a la infancia –leyes de ingeniería social las llaman desde la oposición- y está a la espera de los resultados de las elecciones catalanas para abordar el encaje del Principado con “ley y diálogo”.  



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