EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Oclocracia

18/06/2020

Si quien está leyendo estas líneas es alguien que alienta, justifica, aprueba o participa de las recientes acciones y manifestaciones revisionistas y antisistema, de esas que últimamente vienen atentando contra personajes históricos como Cristóbal Colón o Winston Churchill, que no siga leyendo, si es que ha tenido el suficiente nivel de comprensión lectora para finalizar este párrafo.
La oclocracia puede definirse como «una forma de hacer política caracterizada, al margen de la ideología que la sustente, por el intento de atraerse emocional y vehementemente el favor popular ofreciendo soluciones simples y poco fundadas a problemas reales y complejos». Fue el historiador Polibio el que definió la oclocracia como «la degeneración natural de la democracia». Para Polibio se trata de la tiranía de las mayorías incultas usando la fuerza y la violencia.
Lo de Churchill y lo de Colón no puede entenderse de otra manera que no sea la de una constatación evidente de la utilización ideológica del populacho corrupto, tumultuoso e inculto. Hoy, como diría Gustavo Bueno, vivimos en una especie de «fundamentalismo democrático» donde todo debe tener el visto bueno de la masa controlada y orientada para que los sentimientos sustituyan a la racionalidad. Lo cierto es que se aprovecha cualquier cosa para intentar reconstruir la historia desde perspectivas totalmente ideológicas y partidistas, y alguien está especialmente interesado en promover la falsedad y la confusión, removiendo y revisando la historia para reescribirla de manera interesada y fuera de contexto.
Por dar ideas, se pueden decapitar las estatuas de Colón, Diego de Deza o Francisco de Vitoria. Baste recordar que Colón encontró el apoyo del dominico fray Diego de Deza, que después le daría la Junta de Profesores salmantinos. Y recordemos a fray Francisco de Vitoria, iniciador de la ‘Escuela de Salamanca’, creador del Derecho Internacional y defensor de los derechos humanos, que aplicaría luego a los indígenas de América. En la evolución histórica del hombre, desde las cavernas, resulta que unos ‘fachas, franquistas, machistas y racistas’ del Renacimiento trajeron el esplendoroso humanismo, un cambio radical en el concepto del hombre en sociedad que a la postre derivaría en las libertades de las que gozan ahora esos jumentos que decapitan estatuas.
Y un ‘racista’ redomado, como Winston Churchill, el primer ministro más relevante de la historia del Reino Unido, resultó ser el líder que logró que los aliados ganaran la Segunda Guerra Mundial. Puede que el ataque directo a Churchill tenga que ver con su magnífica metáfora sobre el polo norte y el polo sur para expresar que entre el fascismo y el comunismo no existen diferencias: «Se encuentran en los extremos opuestos de la Tierra, pero si mañana uno se despertara de pronto, sin previo aviso, en cualquiera de ellos, le sería imposible determinar en cuál de los dos se halla».