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Enrique Belda


Otro falso debate: el pin parental

25/02/2020

Viene bien en un país en crisis y desnortado entretener a los parroquianos con debates falsos donde no hay nada detrás, pero la gente corre a encuadrarse en Barça o Madrid, o Lagartijo versus Frascuelo.
Los partidos extremistas cuentan barbaridades sobre lo que hacen sus antagonistas en educación para así justificar su propia existencia como Revolución y Reacción, y algunos gobiernos (no todos, por fortuna) que los necesitan como socios, no sacan de su error a la sociedad.
En lo que va de año, el culebrón es lo del pin parental, en una España claramente consciente de la necesidad de educar bien, en lo público y en lo privado, en ética, moral, religión, sexualidad, igualdad, y diferencia. Este esquema solo lo desquician aquellos que fuera del sistema educativo y con la connivencia de responsables políticos que necesitan justificar una liberación, organizan actividades extraescolares sin suficiente contraste donde se cuelan radicales de uno u otro signo a intentar envenenar a mentes en formación. Eso es todo, y este hecho es lo que hay que vigilar sin poner bajo sospecha la labor de nuestros profesores y formadores.
Cuando no sólo existió el riesgo de adoctrinamiento, también se materializó, fue en los sistemas de educación pública gestionados en Cataluña y País Vasco. La maquinaria se puso en marcha a partir de 1979 al servicio del nacionalismo y hoy el resultado es patente en el vuelco social que se ha generado en la primera Comunidad, y en el dominio total de la ‘Pax peneuvista’ en la segunda, que controla cada manifestación social y, sobre todo, económica, de una tierra que pudiera ser aún más libre y pujante.
En cuanto al pin parental, todo se resume en que los padres tienen la capacidad de elegir la formación religiosa o moral de sus hijos, aunque solo durante los años de la niñez, y eso no incluye que puedan vetar la transmisión de conocimientos vitales referidos a la sexualidad, la igualdad o las diferencias.
De otra parte, los profesionales de la educación reglada, pública, concertada o privada, han de seguir la trayectoria curricular y de conocimientos marcada por las leyes con respeto a la Constitución. Si se ofrece cualquier alternativa fuera de las horas lectivas, sea cual fuere, sexo o judo, los padres hasta cierta edad dependiendo del grado de madurez, dan su conformidad o no. No nos entretengan más con estos enfrentamientos y den respuesta, por ejemplo, a la puñetera mierda de mercado de trabajo que tenemos, que nunca avanzan nada en esta materia.