LA RAYUELA

Óscar del Hoyo

Periodista. Director de Servicios de Prensa Comunes (SPC) y Revista Osaca


Decisiones

16/02/2020

Tiene la mirada perdida. Lleva 30 años padeciendo esclerosis múltiple y su imparable deterioro físico cada día es más evidente. María José, postrada en la cama, ya no puede mover las manos, apenas puede articular palabras y es su marido, Ángel, quien la cuida. Ella, consciente de estar en fase terminal, se niega a continuar sufriendo. La potente medicación no logra apaciguar unos dolores cada vez más insoportables.
Ángel, mirándola fíjamente a los ojos, insiste en que, para llevar a cabo esa decisión de la que tanto han hablado, necesita su ayuda. Ella, haciendo un enorme esfuerzo, asiente con la cabeza y balbucea: «Cuanto antes, mejor».
Él comienza a grabar con el móvil y prepara un vaso con pentobarbital sódico, se lo acerca a los labios con una pajita, acaricia la mano del amor de su vida y, entre sollozos, siente cómo, poco a poco, ella se va apagando. 
Minutos más tarde, Ángel llama a los médicos y explica lo que ha sucedido. Pasa la noche en el calabozo. Al día siguiente, la jueza le pone en libertad sin medidas cautelares, aunque pesa sobre él una imputación por la supuesta comisión de un delito de cooperación al suicidio.
Mientras tanto en Barcelona, Jordi no pierde la sonrisa. Tiene 35 años y desde hace cinco padece Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad mortal que no tiene tratamiento y que no da tregua a quien la padece, ya que, cuando consiguen adaptarse a un cambio, acaba llegando otro más incapacitante. Su escasa movilidad la minimiza con la ayuda que le proporciona su silla mecánica. Ya no puede hablar, ni comer, ni beber por sí solo y respira con dificultad. Pero no quiere oír hablar de la muerte, ama la vida. 
Gracias a un ordenador, puede comunicarse con una peculiar voz robótica a través de la que lanza constantemente mensajes cargados de optimismo y defiende que, pese a todo, continuará luchando. No pierde la esperanza. Jordi, que respira gracias a la ventilación asistida, es contrario a la eutanasia. En su opinión, fomentar la «cultura de la muerte» tendría un efecto directo en la investigación que se esfuerza por encontrar una cura para algunas patologías, así como en los tratamientos para que este tipo de enfermos pueda llegar a tener una vida digna. 
Esta semana, el Congreso ha dado el primer paso para aprobar la ley de eutanasia. La normativa, que ya había sido impulsada en dos ocasiones anteriormente y que tuvo que ser paralizada por sendas convocatorias electorales, consiguió pasar el primer filtro parlamentario gracias al apoyo de casi todos los grupos, con la férrea oposición de PP y Vox. La proposición permite que toda persona mayor de edad y con plena capacidad de obrar y decidir, que tenga una enfermedad incurable o grave, crónica e invalidante, pueda pedirla de forma autónoma, consciente e informada. La solicitud debe realizarse por escrito y estar firmada por el paciente que, además, deberá ratificarla en el plazo de 15 días. El documento, que puede revocarse en cualquier momento, se rubricará en presencia de un médico.
Una vez que se reclame, una comisión de control y evaluación de cada región comprobará si se cumplen los requisitos para llevarla a cabo y, en un plazo que no debiera exceder de las dos semanas, se emitirá una resolución al facultativo que realizó la petición. Si se da luz verde, habrá dos modalidades: la primera opción es suministrar al paciente una sustancia; la segunda, que el propio enfermo pueda hacerlo, siempre bajo la supervisión del profesional sanitario. Los médicos tendrán derecho a ejercer su objeción de conciencia.
En 2002, Holanda se convirtió en el primer país europeo en legalizar la eutanasia para provocar el fallecimiento de un paciente que sufre una enfermedad irreversible o se encuentra en fase terminal y con padecimientos insoportables. Bélgica, Luxemburgo, Suiza, Canadá, Colombia y siete Estados de EEUU también lo han puesto en marcha.
La regulación de la muerte asistida ha generado un gran debate en la sociedad. Son muchos los detractores, pero también los defensores de una normativa que, de aprobarse, debe ser por encima de todo garantista. España padece un grave problema en lo que a cuidados paliativos se refiere. Unas 80.000 personas no reciben este tipo de tratamientos y se alza la voz para que el Sistema Nacional de Salud subsane ese déficit para que los enfermos puedan minimizar su sufrimiento y tener la mejor calidad de vida posible.
María José y Jordi son dos ejemplos opuestos de una misma realidad. Lo primordial con respecto a la eutanasia, palabra que procede del griego y significa buena muerte, es respetar las creencias y la libertad, y tener claro que no es lo mismo acortar la vida que poner fin a la agonía. 



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