TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Resistir

Aunque a los cazadores les acompaña la leyenda de ser grandes forjadores de historias que van dos o tres peldaños por encima de la realidad, creo a pies juntillas a uno que un día me contó asombrado la muerte de un jabalí que necesitó casi una decena de cartuchazos para rendirse. Resistir, pelear herido, aguantar lo que sea, estaba en su naturaleza, la de un bicho terco y fuerte que se negaba a pasar por el aro de las leyes de la lógica: «Oblígame tú a pasar. Si puedes».

El Mirandés está a un gol de la gloria. La distancia entre Anduva y La Cartuja es de 784 kilómetros… o de un simple 1-0. Así de cerca y de lejos al mismo tiempo, porque a la caza de los jabatos volverán otros fantásticos peloteros de Primera División, como lo eran los del Celta, los del Sevilla o los del Villarreal. Y ninguno de ellos, ni siquiera la Real Sociedad en la ida de semifinales (a pesar del 2-1) logró abatir al 'bicho'.

La Segunda es un gran cajón de sastre en el que caben decenas y decenas de perfiles distintos, pero hay uno muy interesante en en el que el Mirandés ha basado este proyecto que ahora es 'de todos': el de jugadores y entrenadores que todavía no han llamado la atención en el gran escaparate, muchos cedidos desde el 'arriba', cuya capacidad técnica y táctica está sobradamente probada (para muestra, un botón) para competir cara a cara con los 'grandes'.

El tamaño de una gesta es directamente proporcional a los condicionantes y sus números: la final se va a disputar en un estadio con 60.000 butacas (Miranda de Ebro tiene unos 35.000 habitantes), pongamos que a cada finalista le dan 25.000… y en Anduva caben 5.759. A pesar de que la Real Sociedad sea un equipo joven y noblote de fútbol fantástico y de que Imanol Alguacil parezca un tipo sencillo y genial, ¿cómo no desear que esta pelea la gane el jabalí?



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