Vidal Maté

Periodista especializado en información agraria


La exportación salva al sector

17/07/2020

Consecuencia de diferentes factores, como la mejora de las estructuras en las explotaciones, la introducción de nuevas variedades, nuevos sistemas de cultivo intensivos, desarrollo de modelos de producción como el sistema de integración o la desaparición de las cuotas, hay una serie de producciones donde en los últimos años se han registrado importantes incrementos en la oferta en origen. Salvo en momentos excepcionales como el registrado en los últimos meses, no han dado lugar a graves situaciones de crisis. 
Las ventas en el exterior, unos 47.000 millones de euros, han sido y se mantienen como el mecanismo que permiten al sector agrario la posibilidad de producir más y son hoy la principal salida para ajustar la oferta a la demanda, aunque ello se haga en muchas ocasiones en base a bajos precios. La exportación de los productos agrarios se ha consolidado como el agarradero para mantener la actividad de un sector. Sin embargo, lo que ha encontrado fuera no lo acaba de lograr en España, donde la caída de ventas vienen afectando desde hace décadas a producciones claves como vino, aceite, leche o carnes. 
Aumentar ventas en el mercado interior de forma permanente en una serie de producciones clave por la superficie que suponen o por el número de explotaciones constituye una de las asignaturas pendientes del sector donde las diferentes campañas de promoción aplicadas por las organizaciones interprofesionales financiadas con fondos puestos por agricultores e industriales no acaban de lograr sus objetivos. 
En el aceite de oliva se ha registrado y continúa un avance imparable de nuevas superficies de plantaciones súper intensivas, así como de la mejora de las explotaciones más tradicionales donde solo se queda atrás el olivar en pendiente de secano. Ello ha supuesto ya pasar de unas producciones medias de menos de un millón de toneladas a cosechas de 1,4 millones de toneladas y la posibilidad de llegar a corto plazo a campañas de dos millones. Con precios a la baja, las exportaciones han supuesto un incremento importante de las ventas en el exterior hasta cifras récord de 1,1 millones de toneladas y exportaciones medias de más de 700.000 toneladas. Sin embargo, en el mercado interior, las ventas de aceite de oliva, con precios al alza o a la baja mantienen en la última década una atonía preocupante donde en la parte alta de la demanda se sitúan en unas 540.000 toneladas y en los períodos de caída en unas 470.000 toneladas. La realidad es que el sector debe vender fuera mucho del aceite que debería comercializar dentro en un país que se consolida como el primer productor del mundo. Las campañas de promoción en el exterior, con escasos recursos para la dimensión de los mercados no han funcionado si se tiene en cuenta que se sigue vendiendo por precios bajos. En el mercado interior ha sucedido lo mismo si bien un dato a destacar sería el incremento de las ventas de aceite virgen extra, algo lógico también en función de sus bajos precios.
vino versus cerveza. Otro tanto sucede con el vino. La exportación barata ha sido la única salida para evitar la posibilidad de más excedentes estructurales a los provocados por la crisis de la pandemia y el cierre de la restauración. Quedan lejos los años 70 cuando se manejaba una demanda casi el doble que la actual donde en la última década se ha quedado congelada en unos 10 millones de hectolitros. La interprofesional es ligeramente optimista para señalar que por primera vez se ha registrado en los últimos años un ligero aumento hasta los 10,8 millones de hectolitros. Puede que sea cierto, pero la verdad es que el vino ha perdido la batalla en el mercado interior frente a la cerveza y ello debería ser motivo de preocupación en el sector y en la Administración.
Las carnes en su conjunto, donde el porcino es una excepción, llevan años con un descenso progresivo en la demanda pasando de una media de más de 50 a los 46 kilos por persona y año. Las exportaciones están funcionando tanto con animales vivos como muy especialmente en carnes y en todos los productos elaborados donde destaca el conjunto del porcino, no solamente por su posicionamiento en el mercado chino, sino por sus ventas en otros países comunitarios. Esta caída de la demanda se podría asociar, de entrada, a sus precios medios superiores a otras demandas alimentarias. Sin embargo, el sector tiene frente a sí a otros enemigos de mayor calado que a medio plazo pueden suponen un grave peligro para mantener la actividad de la producción con docenas de miles de explotaciones y miles de industrias en juego. El sector de la carne, y sin que nadie se haya puesto a su favor oficialmente, se está enfrentando a las advertencias de organismos como la Organización Mundial de la Salud sobre los riesgos del consumo de carnes rojas asociado a una serie de enfermedades. Las carnes se enfrentan además en este momento al poder impresionante de los grupos multinacionales promotores de la alimentación vegetariana y vegana y que se suma otro dato preocupante: la respuesta de la mayor parte de las industrias de la carne españolas para elaborar ellas mismas los productos veganos. 
En leche, España es un país netamente deficitario, lo que supone la entrada anual de este producto desde otros países comunitarios y, sobre todo de productos derivados como quesos. Tras la supresión de las cuotas, la producción ha pasado de uno 6,5 a siete millones de toneladas. España ha incrementado ligeramente la exportación de quesos, pero el consumo interior de leche ha seguido cayendo en los últimos años hasta estar por debajo de los 70 litros por persona y año frente al aumento de bebidas alternativas de leches falsas vegetales y de productos derivados de las frutas.
Finalmente, entre otros grandes grupos de productos se hallan las frutas y hortalizas donde la exportación y no el consumo interior es el gran motor del sector.



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