CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Benedetti, a cien años...

28/09/2020

Me encanta Benedetti, limpio y reflexivo, actual como la vida misma, siempre presente tal cual El Quijote de la Mancha, profundo en su declinar de sentimiento; sus padres, Brenno y Matilde, italianos. le bautizaron con cinco nombres, como era usual en Italia, y quedó registrado como Mario Orlando Hardy Hamlet, Brenno Benedetti Perrugia.
Cuando falleció su esposa Luz López Alegre en el año 2006, Benedetti se trasladó a vivir a Uruguay y donó su biblioteca personal, que estaba en Madrid, al Centro de Estudios Literarios de Alicante que lleva su nombre (CeMaB) y que fue creado en 1999. Porque Mario Benedetti tuvo una larga y profunda relación con la Universidad de Alicante que se tradujo en diez visitas realizadas a la ciudad entre 1990 y 2003.
Durante su discurso de investidura, Benedetti alabó el cariño que la Universidad le había tenido siempre hacia su persona: «Quiero agradecer a todos ustedes, y en especial al señor Rector y a las autoridades de la Universidad de Alicante, una alta distinción que en cierta manera culmina mis largos años de vinculación con la cultura española y en especial con esta Universidad, a la que he procurado brindar lo poco que he podido y que en compensación me ha dado mucho; entre otras cosas su amistad, su comprensión, su generoso interés por mi obra literaria, por añadidura un espacio siempre abierto para dialogar acerca de los temas y problemas de nuestro castigado continente mestizo».
Todas las calles de Nueva York se parecen a un poema de Lorca, a mí así me lo parece. Cuando visité aquella ciudad por primera y única vez, me embargó un sentimiento de euforia combinado con la extrañeza de caminar el futuro, otro planeta. Mi esposa, Joaquina por más señas, me incidía en la majestuosidad de una urbe que no tenía principio ni final, donde todo era sencillo y complejo a la vez, y donde nadie se fijaba en nadie, excepto nosotros dos.
Por eso me vino a mi mente aquello de que el poeta uruguayo, Mario Benedetti, disfrutará de su cumpleaños cada vez que le llegaba en ese 14 de septiembre y contaba de «un cielo de ayer sobre sus hombros y de un gallo que canta al Empire State Buiding y millones de mandíbulas en la ciudad de los rascacielos».
Con su poema hecho desde Nueva York tiene lugar la aportación del uruguayo al imaginario de los poetas que han dado testimonio de la ciudad global a través de sus escrituras, los poemas prevalecen al devenir de los tiempos, constituyendo el acervo y la médula de los lugares, de las memorias.
Todo en un todo, su poesía, sus aforismos, su narrativa va de la Tierra al Cielo y irradia voluptuosidad como el diamante; por eso, sufrimos mucho cuando el pasado 14 de este mes se cumplía el centenario del nacimiento del poeta y la Covid 19 obligaba a suspender el magnífico Congreso Internacional que la Universidad de sus amores, la de Alicante y el Centro de Estudios Literarios, al que donó su biblioteca, junto al Instituto Cervantes, daban la triste noticia.
Por eso cantó al amor de esta manera: «Tus manos son mi caricia mis acordes cotidianos te quiero porque tus manos trabajan por la justicia/ si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos/ tus ojos son mi conjuro contra la mala jornada te quiero por tu mirada que mira y siembra futuro/ tu boca que es tuya y mía tu boca no se equivoca te quiero porque tu boca sabe gritar rebeldía/ si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos/ y por tu rostro sincero y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo porque sos pueblo te quiero/ y porque amor no es aureola ni cándida moraleja y porque somos pareja que sabe que no está sola/ te quiero en mi paraíso es decir que en mi país la gente viva feliz aunque no tenga permiso/ si te quiero es porque sos mi amor mi cómplice y todo y en la calle codo a codo somos mucho más que dos».