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Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


¿Y si fuéramos alemanes?

29/09/2021

En Alemania termina la era Merkel un poco como el último vestigio de una Europa que sabía muy bien a donde iba, sí, una Europa pilotada por los germanos, pero por las buenas y por la vía democrática, no por la bravas. Una Europa en la que Alemania tira del carro y nos beneficiamos todos en cierta media y con matices, asumiendo, eso sí, jugar un papel  secundario en el reparto de trabajos y tareas, aceptando que básicamente somos un país de servicios, que la industria potente y la gran tecnología la tienen ellos y hasta compiten bien con los vinos de la ribera del Rhin.
La UE es un invento dirigido por Alemania, con Francia en el puente de mando, creando ambos países una tensión creativa que nace de la competencia por el predominio. Después, como auxiliares en los puestos de cabeza, españoles e italianos con sus vaivenes continuos y sus incertidumbres perpetuas, el aporte mediterráneo, el chute de vitalidad.  Pero si Alemania funciona es porque tienen claro su destino y han descubierto que por la vía del pacto, la persuasión y la democracia lo pueden conseguir mejor que por el camino del Reich y de la invasión. Así nació la UE tras el desastre colosal de la II Guerra Mundial.
Nació, desde el punto de vista de la política, como un  pacto dentro de un área central de acuerdo entre la socialdemocracia, es decir, la izquierda que había renunciado al marxismo y a la brutal dictadura del proletariado, y la democracia cristiana, la derecha con amplitud social y vocación democrática. Ángela Merkel, que ahora se va, es uno de los testimonios vivos más valiosos, por ser quizá de los últimos, de aquel gran pacto y Alemania el país donde sus mimbres siguen funcionado con más nitidez. Su último gobierno es una coalición entre esas dos grandes tendencias políticas, su posible sucesor y rival, el socialdemócrata Olaf Scholz, ha sido el Vicecanciller del gobierno presidido por Merkel.
Las elecciones que ponen fin al Merkalato alemán, por voluntad propia de  la protagonista, las ha ganado por la mínima la socialdemocracia, con la que Merkel había pactado un gobierno de coalición capaz de hacer frente a las convulsiones del momento. La misma noche electoral comenzaron las llamadas entre unos y otros para ir sondeando posibilidades. No hay polarización, no hay bloques, hay conciencia clara de la grandeza de un país que debe ser preservada. Hay dos grandes partidos que coinciden en lo básico, que sirven a una misma Alemania.
¡Qué envidia! Aquí nos tiramos los trastos sin cesar, los argumentos políticos están hechos para consumo masivo y rápido. Se nos presenta como imposible un gran pacto de Estado ni siquiera en situaciones tan graves como la que estamos viviendo. El independentismo campa a sus anchas e impone condiciones poniendo a las instituciones del país contra las cuerdas, la demagogia es la moneda de uso común en el Congreso de Diputados que por momentos parece una pasarela de vanidades absolutamente desconectada de la realidad auténtica del país.
Y, en cambio, nuestro país tiene la musculatura necesaria  para ser una locomotora europea, aunque nos pueda parecer mentira Tiene unos servicios sanitarios envidiables y admirados en todo le mundo, que deben ser fortalecidos tras la pandemia, y unos emprendedores que salen al exterior con sus ideas y sus empuje, también un puñado de empresas punteras que dominan algunos sectores a nivel mundial. Tenemos sol a raudales para ser los primeros en las nuevas fuentes de energía, un sol, que junto a nuestra gran historia y gastronomía, facilita nuestra posición predominante en el turismo mundial. Nos falta una educación de calidad  y una estructura productiva que libre a nuestros jóvenes de un horizonte en negro o sumido en la precariedad total. Necesitamos también unos sindicatos más parecidos a los alemanes, y sobre todo una cultura política como la suya
Supimos hacerlo en la época en la que España tenía como máximo objetivo la equiparación con los países de nuestro entorno, como se decía tanto en aquello años. Tiempos en los que una muy buena amistad unía a Felipe González y Helmut Kohl.  En España llevamos bastantes años empantanados sin ningún pacto de largo alcance, con un muro infranqueable que separa a los dos grandes partidos sobre los que sigue pivotando la vida política. Ángela Merkel se va y posiblemente le suceda, con acuerdos parlamentarios imprescindibles, quien ha sido su vicepresidente, socialdemócrata, del partido rival de la mítica canciller. ¿Y si intentáramos ser un poco alemanes?