CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Medir los tiempos

A Mariano Rajoy tenía muchos defectos, pero los que conocían la trastienda de los escenarios en los que se movía, coincidían en que tenía un sentido muy agudizado: el de medir los tiempos políticos.

Pablo Casado lleva una semana a la espera de que llegue el momento de tomar una decisión, y corre el peligro de que no pueda decidir nada porque se despertará un día con la noticia de que Sánchez ha firmado un acuerdo de gobierno con Podemos y ERC y se dispone a preparar la sesión de investidura.

No se da cuenta Casado de que Sánchez estaría encantado de ser presidente con la ayuda de dos partidos que no le pondrán contra las cuerdas en algún momento de la legislatura: Podemos, porque alcanzará su objetivo de formar parte del gobierno; ERC, porque un acuerdo con Sánchez les permitirá avanzar en el independentismo. ¿Qué eso no lo permitirá nunca Pedro Sánchez? Que poco conocen a Sánchez los que piensan que jamás aceptará condiciones de ERC que rocen o sobrepasen el límite constitucional. A Sánchez lo único que le importa es ser presidente del gobierno, y asesores tiene que transformarán las exigencias de los independentistas en fórmulas aceptables legalmente aunque sean una inmoralidad.

Se queja Casado de que no es él quien debe llamar a Sánchez, que ya lo hizo la noche del 10-N y Sánchez no le respondió. Si pretende ofrecer un acuerdo de investidura a Sánchez cuando le llame, que espere sentado. A poco que le salgan los números, Sánchez es capaz de pactar con el diablo, y solo acudirá a Casado si son los otros –ERC, Junts, Bildu, PNV, PRC o CC- los que le dicen que no quieren saber nada de apoyar un gobierno PSOE-Podemos.

El lunes hay ejecutiva del PP y Casado maneja la idea de que al llegar ese día se habrían complicado tanto las cosas para Sánchez, que le será imposible un acuerdo de gobierno ante exigencias inaceptables y no tendrá más remedio que mirar hacia el centro derecha para seguir en La Moncloa. Entonces sí cogería el teléfono para marcar el número de Pablo Casado. Quizá tenga razón el líder del PP y Sánchez acuda a él cuando se le acabe el tiempo, o cuando sea tanto lo que pidan los otros que la militancia del PSOE se le ponga en contra –no la dirección, entregada- y le presione para tantear acuerdos con PP y Ciudadanos. Es el momento que espera Casado, pero nadie le garantiza que llegue ese día sino que, por el contrario, lo que se advierte hoy por hoy es que las negociaciones de Sánchez avanzan mientras el PP sigue a la espera de que se bloqueen.

Nadie sabe cómo puede terminar este tira y afloja. Pero lo que trasciende es que Sánchez solo piensa en cerrar el pacto con unos socios cuya sola mención produce espanto a la mayoría de españoles.



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