DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Conoce al personaje

19/03/2021

La campaña fue un escándalo y se vieron obligados a retirarla. A la teniente de alcalde de Córdoba, Eva Timoteo, se le ocurrió una brillantísima idea para conmemorar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres. «De mayor no quiero ser como mi papá», fue la frase que se incluyó en el cartel dibujado, supuestamente, por un niño que convive en su casa con la violencia que su padre ejerce sobre su madre. El eslogan no hacía referencia a todos los padres. Eso lo damos por sentado. Pero sí tenía un objetivo claro que persiguen muchas maniobras del feminismo de pancarta: demonizar al hombre.
La teniente de alcalde de Córdoba es de Ciudadanos -ya veremos hasta cuándo- y cayó en la trampa que ha tendido una parte importante de la izquierda más radical, que no persigue una deseada igualdad entre hombres y mujeres, sino una campaña dirigida a aglutinar en torno a una determinada ideología una causa completamente justa y mayoritaria. A la vista está. El líder del partido que más se ha aprovechado de este movimiento reúne todas las cualidades del buen machista. Pablo Iglesias tiene a su pareja de ministra, cuya carta profesional de presentación no puede ser más limitada. «Encarna ser ‘esposa de’, ‘nombrada por’, sin preparación. Una mujer cuya única fuerza proviene de ser esposa de su marido y amiga de los amigos de su marido». La frase es de Pablo Iglesias hablando de Ana Botella y a él le viene como un guante. El trato que tiene con las mujeres no puede ser más denigrante. A su asesora Dina Bousselham le colocó al frente de un panfleto del partido después de enmarañar el caso del robo de la tarjeta de su móvil. El vicepresidente escondió el dispositivo para ocultar imágenes comprometedoras, devolvió la tarjeta inservible y cuando le preguntaron por qué la había mantenido escondida durante cerca de un año su respuesta también fue propia del manual machista: «No quería meter más presión a Dina».
No conocemos las verdaderas intenciones que hay detrás de su salida del Gobierno para encabezar la candidatura de Podemos a las elecciones de Madrid. Son muchas y todas tienen relación. Su narcisismo, la alta estima que tiene de sí mismo y el temor a desaparecer del mapa político tras verse sumido en un mar de contradicciones. El tiempo desvelará la razón del volantazo, pero su primera maniobra volvía a evidenciar un detalle más de su machismo pertinaz. Nada más comunicar sus intenciones electorales, tendió la mano al partido de Errejón. En la Asamblea regional, Más Madrid tiene 20 diputados y Podemos 7. Viendo el riesgo de perder hasta la camisa como les pasó en Galicia, quería garantizar un escenario más o menos tranquilo proponiendo a Errejón ir de la mano, con Iglesias de candidato. De eso no había ninguna duda, aunque para ello tuviera que quitar de en medio a dos mujeres, una en su partido y a otra en Más Madrid. Ahí se topó con Mónica García, una desconocida en el conjunto de España cuyo minuto de gloria lo ha tenido esta legislatura señalando a Díaz Ayuso con la mano como si la apuntara con una pistola. La diputada conoce a Iglesias, sabe de su machismo y no tardó en desplegar sus armas de mujer: «Que las mujeres estamos cansadas de hacer el trabajo sucio para que en los momentos históricos nos pidan que nos apartemos. Las mujeres hemos demostrado con creces que sabemos frenar a la ultraderecha sin que nadie nos tutele». No hay nada como conocer al personaje.