TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Concebir

21/12/2020

¡Triste poderío el del Genio! El placer que propaga el creador ha tenido que costarle dolor y tormento increíble, y puede que ni siquiera esperase una pequeña retribución. El virtuoso no puede esperar de la gente que le admira y le aplaude nada de lo que él les da; porque solamente él conoce los secretos de la secreta alquimia que transmuta las tristezas de su corazón en alegrías del espíritu. Pero al verdadero artista no siempre lo veremos alegre. Crear produce dolor y sufrimiento, aunque seas el más grande, a Miguel Ángel la gente veía como harapiento, aunque tuviera mucho oro debajo del catre. Lope de Vega rezó y lloró mucho. Pero la privación tiene casi siempre su compensación. El dolor es un poeta que ostenta el cuasi don divino de crear. Crea y goza en su soliloquio encuentro con la metamorfosis del arte en su fantasía; con la satisfacción inefable de contemplar lo que el mundo no ha podido ver aún, la creación a la que sus manos dan belleza y que atrapan a las criaturas invisibles que nacen de su mente. Visión bienaventurada reservada sólo al genio en las horas de su mayor mortificación. Para el peregrino del arte el goce supremo es concebir, y hacerlo cada día.
¡El mundo, que es arte, está en llamas! pero los corazones del mundo no arden, no se inflaman, no resplandecen en la noche oscura como debieran. Descubrir la fuerza de un signo debería ser nuestra única esperanza, y no se puede arrebatar por estar escrito a fuego desde siempre e ir unido al tiempo infinito. El mundo está en llamas; el combate entre el bien y el mal ha comenzado abiertamente. Al liberador el poderoso lo aniquiló delante de una tribu ahíta de sí, incapaz de pedir perdón ante el que ha sido obediente hasta la muerte y muere. Pocos eligen dejar de buscar su propio provecho, y aún menos ser provecho de otros. Al liberador lo asesinan, lo encierran, y poco importa que sea un impostor o no. A los liberadores de hoy los silencian y si no los cuelgan de un madero es porque se han dado cuenta que los mártires son más peligrosos muertos que vivos, que su fuerza no es su músculo, es el fuego que vivificó a algunos como Gandhi o Monseñor Romero. A muchos si los desnudamos los convertimos en don nadie, y otros en su desnudez, eligen la riqueza que el poderoso no puede comprar. Yo discrepo de los que lo quieren tener todo sin renunciar a bienes. Yo creo que todo en la vida no se puede tener. No me haré Cartujo, aunque una vez lo intenté. La vida ahora hay que tomársela con agradecimiento, aceptar la providencia, lo temible de este tiempo presente de privaciones, de esta oportunidad para disfrutar alegremente de lo que hemos conservado como herencia de un bien no tangible. No nos volvamos a cargar de cuidados superfluos, que el mejor brillo es el de la mirada que algunos hemos descubierto en estos tristes días. La moda más buscada en el confinamiento fue la paz en el hogar, y a veces también salió huyendo por la ventana. No nos preocupemos por el día que viene, ni por la próxima comida.
El placer que intenta propagar mi escritura hoy produce dolor, y mi aflicción es que no advirtamos que el verdadero arte es decorar el presente con colores, rimas, melodías, perfumes, hasta con ropa bonita, con la esperanza de alegrar con lo que nuestra inteligencia crea útil al que perdió la ilusión por el presente; al que no cree en el futuro, al que solo ve lo efímero de la vida, su presente sombrío, y ha perdido la ilusión del mañana. No se lleva decir que un Salvador cuelga delante de nosotros con el corazón traspasado, que él y otros muchos, creyentes o no, han derramado la sangre de su propio corazón para ganar el nuestro. Hoy hablo de refugios seguros, esos que como el hogar de los padres hoy está cerrado para muchos, refugios íntimos donde ha imperado una ley no escrita en la que cada uno vive el amor a su manera. Hablo de cosas que no son noticiables, que no entran en los índices de audiencia de las teletrinas, hablo de cosas importantes, de corazones que quieren estar libres de todo anhelo terreno, de Crucificados, de otros apetitos que no cotizan en bolsa, de verdaderos deseos, y de un pensamiento libre. De arte. ¡Sí! Ya sé que la voluntad del hombre es débil y a veces ciega.