TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Sermón papista

22/03/2021

Se ha criticado la riqueza de la iglesia, el brillo de su legado, y poco se dice de su otra riqueza, «su compromiso con los más necesitados». El Papa dice que necesitamos a los poetas sociales que propugnan un cambio de mentalidad y una nueva forma de actuar en el Mundo frente a la globalización de la indiferencia. Propone poner la economía al servicio de los pueblos. Vivir bien reclama el necesitado, la vida buena, y no ese ideal egoísta que pervierte las palabras y nos propone la buena vida. El globalismo no respeta lo distintivo de los pueblos, y va más rápido que las acciones de los que pretenden hacer frente a la globalización, con su terror y sus muros. El dinero como prioridad puede volverse aún más egoísta y convertirse en látigo que esclaviza, roba, azota y amenaza firmemente a otros para arrearnos a todos como ganado y llevarnos hacia donde él quiere, el dinero divinizado, el palo y la zanahoria que se está poniendo de moda. 
   El Papa pregunta y responde ¿quién gobierna entonces? El dinero. -¿Cómo gobierna?: con el látigo del miedo, de la iniquidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en una espiral ascendente que no parece acabar jamás. ¡Cuánto dolor y cuanto miedo! Hay un terrorismo de base que emana del control total del dinero en la tierra y atenta contra la humanidad. Pio II anunció el crecimiento de una dictadura económica mundial que él llamó «imperialismo internacional del dinero» (1931). Pablo VI denunció la nueva forma abusiva de dictadura económica, social, cultural, e incluso política (1965). Son profetas que alcanzan dimensiones inéditas y sus vaticinios se están cumpliendo. El dinero reina en lugar de servir, tiraniza y aterroriza a la humanidad. Ninguna tiranía se sostiene sin explotar nuestros miedos, de ahí que toda tiranía sea terrorista. Los ciudadanos que aún conservamos algunos derechos somos tentados con la falsa seguridad de los muros físicos o sociales. Muros que encierran a unos y destierran a otros. El miedo se alimenta y se manipula, porque además de ser un buen negocio para los mercaderes de armas y de la muerte, nos debilita y desequilibra, destruye nuestras defensas psicológicas y espirituales, nos anestesia frente al sufrimiento ajeno, y al final nos hace crueles. Cuando se festeja la muerte de un joven que tal vez erró el camino, cuando se prefiere la guerra a la paz, cuando se propaga la xenofobia, la violencia callejera; cuando ganan terreno las propuestas intolerantes; detrás de esa crueldad que parece masificarse esta el hombre al viento del miedo. 
La misericordia es hoy más necesaria que nunca, es el mejor antídoto contra el miedo, mejor que los antidepresivos y los ansiolíticos; más eficaz que los muros y las rejas, las alarmas, las armas, y además es gratis, un don. Todos los muros caen, los derriban los puentes que se hacen entre los pueblos. El mundo tiene atrofia moral y parálisis, y crecimiento económico, avances técnicos, más eficiencia, que no son sino pequeños implantes cosméticos para producir, comprar, usar y tirar pequeñas cosas que a todos nos llevan a esa vertiginosa dinámica del desastre. Este mundo pone trabas al desarrollo del ser humano en su integralidad, ese que no se reduce al consumo ni al dinero. «En los ojos de los niños de los refugiados esta la bancarrota de la humanidad», decía un cardenal griego. Nadie por la economía debería verse obligado a abandonar su patria, a caer en manos de traficantes de seres humanos.