PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


De campos y tronos

Supongo que no hablar de elecciones es casi un pecado. Pero voy a cometerlo y muy placenteramente. El atracón está siendo de tal calibre que entenderán ustedes que salga a escape en cuanto siento el olor a mitin, que lo inunda todo. No les digo ya cuando además el guisote viene con encuesta aparejada. Entonces hay que ponerse a salvo como sea. Así que hasta que no se cuenten los votos nada mejor y más sensato que dejar el tema a un lado y luego ya con algo, lo que sea, real será llegado el momento de entrar en harina. En ese costal y en el siguiente, el de las municipales y autonómicas que nos caerá también de inmediato encima.
 Lo cierto es que de lo sucedido esta semana lo que más me ha importado, y para bien, ha sido que lloviera. Que alegría ver como empezaba a caer con ganas el viernes, que maravilla ver de nuevo el Ocejón con nieve hasta las patas, que gusto comprobar como en dos días el campo recuperaba un verde y un frescor que parecían casi imposibles. Las lluvias, por el momento, han salvado en parte unas expectativas que iban camino del desastre pues la cosecha de cereal de no haber llegado y haberse retrasado un poco más se hubiera perdido sin remedio. A nuestro campo y a los labradores esta agua les ha cambiado el semblante. Un alivio.
El otro asunto que me ha atraído ha sido el comprobar el poder y la resonancia de la comunicación de masas en hacer mover a su antojo a las gentes. Me refiero al fenómeno de Juego de Tronos y a Atienza. Se les ocurrió poner frente a la Peña Fort, al espectacular castillo roquero el trono que sale en la serie y allí que se fue el personal en una reata de coches como no se había visto. En dos fines de semana casi los veinte mil se hicieron la foto.
A uno esto le produce una sensación doble. Por un lado, que bienvenidos sean y que sea por lo que fuera se conozca tan hermosa villa y si además algo se ahonda en su historia y riqueza artística pues mejor aún. Pero que uno sea muy consciente de que para nuestra desdicha el conocimiento de los vericuetos de esa serie sean por tantos conocidos y sin embargo no haya quien sepa que fue nuestro Alfonso VIII, el rey niño precisamente de Atienza, que ese si que tiene una película, un tiempo de real juego de tronos y una batalla que cambio el curso de la historia, Las Navas. Pero nuestra historia, no tiene quien la cuente en el cine, ni tampoco, salvo excepciones, en la tele y si la cuentan es para ponernos a nosotros mismos a caer de un burro y arrastrar nuestra imagen por el fango. Que digo yo que alguna vez podían hacer un filme en el que los españoles fuéramos los «buenos».
Pero que no me quejo, que bienvenido el trono ese tan siniestro y que cosas así o parecidas sirvan para dar a conocer lugares espectaculares de toda nuestra geografía regional. Espero, volviendo a mi muy querida Atienza, que ello sirva también para que este año en La Caballada, que conmemora lo sucedido cuando pusieron a salvo a aquel rey, entonces un chiquillo, hace mas de 850 años, no se quepa y que bata todos los récord de asistencia. Entonces si que hasta me pongo a ver Juego de Tronos como agradecimiento.