RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Italianizados

Creo que corría el año 2006 cuando el Partido Socialista Italiano protagonizó uno de los esperpentos políticos más divertidos de todos los tiempos. Con la estimación de voto alrededor del 3 por ciento, la formación se escindió en cuatro facciones distintas. La primera, la mayoritaria, paso a formar parte de una cosa que se llamaba La Rosa en el Puño La segunda en peso acabó integrada en una de las coaliciones de centro-izquierda del momento, llamada El Polo. La tercera, bajo el liderazgo y las siglas de Bobo Craxi (hijo del sumo sacerdote de Tangentopoli; y hermano de una diputada de Berlusconi) se decantó por el otro proyecto socialdemócrata en auge: La Unión.
Para complicar más las cosas, Bobo Craxi decidió en el último momento cambiarse de partido y pasó a ser candidato de Demócratas de Izquierdas, asustado por la idea de quedarse fuera del Congreso y no poder seguir viviendo del cuento. Como resultado, se produjo la increíble situación de que el partido Socialistas de Craxi no presentó a Craxi en sus listas. La cuarta escisión, que también acabó en La Unión, se separó de la tercera en una absurda pelea por el nombre. La traca final fue lo mejor: las cuatro facciones disputaron durante semanas, con abogados de por medio, por el viejo símbolo del partido: la rosa. A unos les quedó la rosa con el puño, a otros una flor mutada en clavel, a los terceros apenas un tallo con un capullo de rosa…
En Italia se necesita un año para reformar una acera o la fachada de un edificio, pero los partidos pueden transformarse por completo en cuestión de semanas. Vamos por el mismo camino. Preparen las palomitas.