TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Empoderamiento

21/07/2020

Hace tiempo que no nombro a África. Me estoy occidentalizando, y mi última alusión me llevó a un perro muerto por sospechas de ébola que movilizó a las masas en España, o quizá sería hoy más políticamente correcto decir que movilizó a nuestros compatriotas. Mueren muchos negros injustamente en África, pero hoy nadie de los del perro se moviliza, nadie los activa, aun cuando la esposa del presi entró a trabajar en el instituto de empresa como directora del Centro para África, instituto próximo al mundo de las ONG, y una de sus tareas es promover el «empoderamiento de las mujeres africanas». Sea como fuere, el truquito demagogo del perro y el poder del estado sirvió para procurarse más escaños años después, y fue una más de las excusas que me recuerdan a España hoy. Y me fijo en un cuento africano, ese del padre que tenía una bella hija de la que estaban enamorados muchos jóvenes, y de ellos dos eran rivales. Un día van a ver al padre los competidores y le dicen que quieren a su hija por esposa. El padre les dice que se vayan a su casa y vuelvan al día siguiente. Llegado el día el padre les dice que va al mercado a por una pieza de tela, y de regreso con ella convoca a los pretendientes y a su hija, y dándoles un trozo de lienzo a cada uno les dice que cosan un vestido para ella, que el que antes termine será el marido de ella. A su hija le dio hilo diciéndole: –Tuércelo y dáselo a estos jóvenes. Ella ya sabía al que amaba. Para el que quería torcía hilos cortos y para el que no quería largos. Gracias a este ingenioso ardid, el que ella deseaba al llegar la tarde había acabado, no así el otro, y cuando llegó el padre de la muchacha éste les recordó que aquel que había terminado primero el vestido debía ser el marido de su hija, sin sospechar que su hija era realmente la que había elegido a quien quería por esposo. Y de esta manera tan astuta y otras similares muchas africanas se han empoderado, aunque no todas han tenido la misma suerte y han sufrido peor destino. Ellas siguen siendo violadas y menospreciadas a manos de hombres, sobre todo los de la guerra y las mafias. Y me recuerda a España, mi patria, mi tierra, la que veo como hembra apetecible, la que ahora sus pretendientes la prostituyen para sacar lo que pueden de ella, y yo quisiera que fuese ella la que eligiera, la que viera quien le conviene más, quién es más digno de su amor, a quién quiere por esposo para traer una generación sana a la casa común y así proteger a tanta mujer desamparada víctima de la violencia machista y de otra violencia de la que no se habla, la de la exclusión y marginación de las mujeres que viven en la pobreza endémica o la sobrevenida con crisis como la del Covid-19, en la que casi siempre es la mujer la que más sufre las consecuencias de quienes dicen desear pero no saben que es el amor. 
Vuelvo a África, mi fuente de deseo hoy, inmenso continente en el que la supervivencia de muchos de sus habitantes se mide en litros de agua, ya que es indispensable para la higiene de los hogares. En Burkina combaten el virus con el fruto del karité, árbol al que su condición de sagrado hace que su fruta sólo se pueda recoger cuando ha caído al suelo, y su saber ocupa a cientos de miles de mujeres en hacer el famoso jabón que combate al virus. Camerún, país al que dieron nombre los portugueses por la abundancia de camarones en sus aguas, hoy es un país dividido que me sirve para entender algo otras realidades. Colonia alemana desde 1884. En 1916 se la reparten Francia (Camerún francés) e Inglaterra (Camerún ingles), y tras varias disputas más se unifican el norte inglés que estaba adherido a Nigeria y el sur francés en 1972. El norte, inglés e islámico, en donde se refugió Boko Haram, es fuente de tensión con los franceses y cristianos del sur, la democracia se debilita cada vez más, y al norte (como en España) surgen movimientos independentistas en un país en el que España tiene intereses comerciales. Su presidente Paul Biya lleva siete mandatos consecutivos con sospechas de fraude electoral. Y algunos dicen que los africanos no son asunto que ataña a Europa, ¡a otros con ese cuento! Busquen «Conferencia de Berlín» en enciclopedias y ya hablaremos del gobierno.