NUEVO SURCO

Javier López


Voxeo

21/10/2020

Asistimos esta semana al combate de boxeo planteado por Vox en el ring de  la Carrera de San Jerónimo.  Vox pone sobre la mesa su combate de ‘voxeo’ como lo hizo Podemos hace escasos años con las mismas pretensiones pero en el otro campo de juego. El ‘sorpasso’ es la palabra clave, noquear al aliado el objetivo verdadero. La moción de censura al gobierno de Pedro Sánchez, el enmarcado, la excusa perfecta, el conducto ideal, más aún con la que está cayendo. Fue lo que hicieron en 2017  los de Pablo Iglesias contra Mariano Rajoy. Al final el resultado puede ser el mismo. Lo veremos en próximas convocatorias electorales. De momento, Vox se dará un buen chute de publicidad, minutos de telediario y redes sociales pintadas de verde a todo tren para aplaudir o reprochar. En eso consiste básicamente la nueva política que nos alberga: consumo rápido, impacto sin grandes pretensiones de profundidad, muchos más kilos de crítica que de propuesta, incendiar las redes y esperar resultados. ‘Polariza que algo te llevas’, parece ser el lema que se impone.
Los resultados, si nos fijamos en el recorrido de Podemos, son discretos en términos electorales, aunque lo suficientemente contundentes para asegurarse un buen trozo de poder a la sombra de ese aliado al que un día se pretendió dejar en la cuneta con una estrategia de carrera agresiva y mociones de censura engañosas en sus verdaderos objetivos. El sueño de Podemos fue decreciendo progresivamente: de pretender ser un movimiento transversal y hegemónico en la sociedad española a fijar la expectativa en ser el partido mayoritario en la izquierda española, para conformarse, finalmente, con sobrevivir en un digno segundo puesto de ese terreno de juego en el que sacar buena tajada de su condición de muleta imprescindible.
Vox todavía está en la primera fase de ese recorrido y aún  espera que el desquiciamiento total de nuestro sistema y la involución de una parte de la izquierda hacia posiciones podemitas y condescendientes con el independentismo, le ponga ante la posibilidad de dar el pelotazo asumiendo antes, eso sí, postulados más cercanos al populismo lepenista, capaz de  pescar una buena bolsa de votos en la izquierda radical, que al neoliberalismo radical de Donald Trump o Jair Bolsonaro. En esa dirección está la creación de un sindicato que de momento no va más allá de un artilugio de agitación en redes sociales. Pero contra esa tendencia se alza la propia dinámica sociológica de la derecha española y el peso en el partido de Santiago Abascal de personas como Iván Espinosa de los Monteros o asesores tan vinculados a la factoría Trump como Rafael Bardají.
 El recorrido de Vox puede ser el de Podemos. Si al final es la muleta necesaria para que el PP pueda alcanzar el poder no lo será sin antes haber intentado su jugada y su pretensión de hegemonía. De eso va la moción de censura de esta semana: marcar territorio y poner a Pablo Casado entra la espada y la pared. La intención del voto de los populares ha sido un continuo dolor de cabeza en la calle Génova donde se teme que Vox les coma la tostada, algo que, sin embargo, no es nada fácil.
La moción de censura, por cierto, tendrá el efecto colateral de poner en circulación nacional al candidato de Vox a las elecciones catalanas del próximo mes de Febrero. Ignacio Garriga es la apuesta catalana del voxismo y colocándolo en el foco del Congreso de los Diputados tendrá una oportunidad de oro para empujar a que se hagan realidad esas encuestas que conceden a su partido entre cuatro y cinco escaños en el Parlament. Sin salir de lo testimonial, no dejaría de ser un éxito para la cuenta de resultados del partido verde.
Vox juega ahora su partida, subido a lomos del Covid19.  El centro-derecha quedará en su laberinto hasta que sus principales integrantes decidan que quieren ser de mayores, pero no solamente lo tiene que decidir Pablo Casado. También Santiago Abascal e Inés Arrimadas, hasta el punto que estos dos últimos tienen que saber si quieren estar en ese campo genérico del ‘centro-derecha. o se mueven a otras ubicaciones, el primero hacia el populismo y la segunda hacia la socialdemocracia fundacional de Ciudadanos. Pablo Iglesias lo mirará desde una cierta distancia sabiendo cual son las lentejas que se están cociendo. Pedro Sánchez aguantará impertérrito, con la sonrisa puesta, los puñetazos de Vox consciente de que son también patadas en el trasero del PP.