OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Es de…

28/07/2020

A ella sí que le apetece desde que amanece. Qué furor. Qué pasión pone. Como sea así en todo, debe ser de las que dejan huella en vida y después de ella. Son tres los hijos que creo que ya le han visitado este verano y con los tres, a cualquier hora del día y con un fervor sin límites, habla de política. Y digo que creo puesto que, aunque son mis vecinos y compartimos la hiedra que nos separa, no les he visto nunca la cara. A ella sí; dos veces. Son especialmente sorprendentes las conversaciones —al menos he oído tres— que mantiene con uno de ellos, ese con el que más claramente discrepa en todo lo que tiene que ver con la acción y los partidos políticos. Él le da datos y cifras que a ella le cabrean. Él alude a estudios realizados por universidades y organismos internacionales. Mientras, ella alza la voz cortándole la palabra sin dejarle acabar frase alguna. Él alude a promesas realizadas e incumplimientos que dice que son patentes y que le causan vergüenza ajena. A su vez, ella chilla aseverando con rotundidad incuestionable que no se equivoque, que todos los políticos son iguales… y sonríe indulgente. Él argumenta actitudes, fiascos y supuestos engaños de engañabobos; ella se siente atacada y ofendidísima, decretando el fin de la conversación pues dice, condescendiente, no gustarle discutir de política. Ella habla de tiempos pasados con rencor; él, cuando tratan de algo concreto, le pide que se centre en eso y que no aluda a otros cuarenta asuntos, diferentes y alejados entre sí, que nada tienen que ver con el que ha motivado la conversación. Ella habla al hijo, no con el amor maternal que le otorga su rol natural sino con la superioridad moral que se concede a sí misma. Y cada vez que dialogan, más de lo mismo. Ahora queda a juicio de cada cual identificar, si apetece, las ideologías de mis vecinos. Algunos dudarán. Otros lo tendrán claro: la madre es de…