TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Astrana en verso

Se cumplieron el miércoles 60 años de la muerte de don Luis Astrana Marín. Suya es una obra titánica que vio la luz pocos años antes de su fallecimiento. Obra que muchos nombran, otros critican, y casi ninguno se ha leído. ¡Si en Cuenca no fui capaz de encontrar el volumen séptimo de la Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra! A los criticones les recomiendo que se lean Vida azarosa de Lope de Vega. Mi libro predilecto tiene el canto dorado: la prínceps de la obra de Shakespeare que él tradujo. Como señaló José Luis Muñoz, Astrana era un «obsesionado estudioso de la problemática quijotesca, y al que se deben algunas aportaciones definitivas».
En el libro de 70 años de poesía en Cuenca (1972) forjado por Domínguez Millán y Carlos de la Rica, refieren que «escribió versos y poemas en castellano, latín y griego» además de informarnos, entre otras cosas, de los trabajos que sobre Fray Luis de León preparaba. Se nos recordó en el Jardín de los Poetas que con Astrana «Cuenca tiene otra deuda no pagada». A algunos poetas Astrana los llamó con su peculiar sorna, «rimadores de ondina con sardina». Yo sé que Astrana le tenía mucho respeto a la poesía, y así cuando tradujo del inglés la obra de Shakespeare no se atrevió, creo que por respeto y humildad, a pasar al verso las estrofas de sus 154 sonetos, y los tradujo en prosa. Juzguen ustedes la estrofa que cierra el último poema: «He venido aquí a buscar mi cura, y he hecho ahora la prueba de que el fuego del amor calienta el agua; mas el agua no entiba el amor». De Astrana escribió A. Samblancat, que cuando lo conoció se quedó impresionado: «me causó sensación su expresión hamlética, su pico de azor, su cara helada, glacée… Me interesó su ironía maligna, taladrante, y su mordacidad quevedesca; y me han obsesionado siempre su aire de hechicero, de búho filológico, sus ojos de lechuza erudita y su pupila redonda y amarilla como una brasa. A esa hora de los crímenes y de los asesinos. Astrana, con el cuchillo de operaciones en la mano, procede a sus análisis más fríos y se alumbra su rostro con una risa sulfúrica y hace gala del humor macabro, de la alegría triste, desarticulada, que le ha contagiado Shakespeare». Yo soy como esos jóvenes que lo admiraban y le sorbían los ojos, he bebido de sus sentencias, y se de la magia de nuestro gigante babélico, esa que me ha tenido levantado hasta esas horas en que en el barrio no hay nadie despierto, acaso ni yo lo estaba. Ya le he dedicado un libro, De Cervantes desde Astrana. Me he dejado aconsejar por él en otro, y si en el próximo lo crítico no se enfadará, pues le diré como buen amigo, ¡ah pájaro, esto se te escapó! Se cumple el aniversario de su muerte, un 4 de diciembre de 1959, y yo le llevo estas flores. Otros ya lo coronaron de espinas, también en Cuenca. Quiero citar a algunos amigos que le han dedicado un libro en los últimos años, son Antonio Rodríguez, M. Amores Torrijos, y E. Domínguez Millán.
Emulando el título de la obra magna de Astrana, Domínguez Millán reivindicó su vida y su obra en un libro imprescindible para saber de él en 2007, Vida ejemplar y heroica de D. Luis Astrana Marín. Manuel Amores nos ofreció en 2016 Sumario 642/1944 contra Luis Astrana Marín, aquí apuntaba que «no se puede afirmar con rotundidad que Luis Astrana Marín fuera un masón». Poco después Antonio Rodríguez ahondó en las palabras de Amores, y cuando presentó en 2017, Miscelánea conquense en torno a Luis Astrana Marín nos dijo que «fue un gran conquense, que amó a su tierra y sufrió ante el dolor que le producía aquello que no le gustaba, porque él fue siempre un crítico y temperamental, que quiso ser libre con lo difícil que era en la época en que vivió». Era, dijo F. Muelas, «sencillo y bueno, generoso y franco, limpio de corazón y poderoso de voluntad, resignado y alegre» y de sí mismo Astrana así decía en 1913: «Soy un incorregible sentimental. Me parece que he vivido en tres épocas distintas. A veces me invade un reconcentrado fervor religioso, a ratos soy un poeta y en muchos momentos no creo en Dios. Yo soy una mezcla extraña, un algo raro, que ya conoce las gentes, yo mismo me desconozco». 
Saber por él me ha dado ánimo.



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