EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Sobre esta monarquía

19/07/2020

La monarquía es una institución fundacional de la humanidad que se ha creído emparentada con el poder divino, por lo que los reyes son aceptados como algo en lo que amanecimos y no admite discusión, como las fases de la luna. En la práctica, el soberano es fruto de un acuerdo entre los humanos -pacto en cuyo logro se incluye la violencia y otras malas artes- para crear una autoridad que ordene el bien público.
 En España llevamos dos siglos gobernados por la casa de Austria y tres siglos bajo el dominio de los Borbones, en un régimen nada glorioso e incluso nefasto, pero llevadero. Ahora, los escándalos del rey emérito Juan Carlos I, abren el debate sobre la justificación de las monarquías, empezando por esas dos discutibles prerrogativas, que son el mecanismo de sucesión hereditario y la inviolabilidad e irresponsabilidad del monarca.
 Juan Carlos es un Borbón campechano, mujeriego, irreflexivo y con una torpeza que le ha llevado a romperse todos los huesos y a amasar una fortuna  infortunada, con golpes de suerte para España (lograr por su amistad con el saudí el contrato del AVE a La Meca) y al mismo tiempo de delito, al embolsarse una  gran comisión por ello.
 La insensatez del emérito ha puesto en bandeja las miserias reales a quienes tratan de minimizar las suyas o desviar la atención de problemas más actuales y graves. Yo creo que la justa condena del Emérito no afecta ni a la institución ni al Rey actual.
 Quienes tratan de sacar renta censurando a la monarquía suelen tener sobra de emotividad y falta de rigor como es el caso del ministro de Consumo. «La monarquía es una institución intrínsecamente corrupta». Pues no, porque la democracia parlamentaria existe tanto en modo de monarquía como de república. La monarquía no es absolutismo, como por ejemplo en Reino Unido, Japón, Dinamarca, Holanda, Suecia, Noruega, etc. y hay dictaduras encabezadas por presidentes como AMLO, Chávez o Maduro.
 También insisten en que Juan Carlos reinó sin más razón que la elección de Franco, pero en el referéndum de 1976 sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política el pueblo aceptó la monarquía (bien es verdad que sin otra opción). En 1978 fue ampliamente aceptada en el referéndum de la Constitución. Y el 11 de junio de 2014, el 85,4% de nuestros representantes votaron a favor de la Coronación de Felipe.
 Hay críticos que rechazan el mecanismo sucesorio por la falta de mérito del príncipe para heredar el trono, lo que sería correcto si no lo hicieran desde la misma falta. Miren la inconsecuencia de quién más chilla contra el rey, que ha puesto de ministra a su amante esposa.
 Aprovechando el escándalo del Emérito, mientras España se hunde moral, social y económicamente, se intenta presentar como problema la monarquía. El discurso de Felipe VI es el único sensato, y precisamente por eso es rechazado por el separatismo y el extremismo. El Rey cumple su papel con decencia en una España que es la que realmente está en quiebra.