A SALTO DE MATA

José Luis Muñoz


Larga espera para las bibliotecas de barrio

Estos días están aterrizando los nuevos concejales. La inmensa mayoría de ellos descubre que han caído en un lugar absolutamente desconocido, en el que tienen que empezar a tomar decisiones para las que carecen de la preparación previa adecuada y de la información necesaria sobre las circunstancias, las necesidades y los problemas que van a tener que enfrentar. Estoy generalizando, desde luego, pero tengo la seguridad de que esa es, mayoritariamente, la situación. Cada uno de ellos y todos en conjunto, llevan en la carpeta un largo repertorio de asuntos que desean aplicar cuanto antes; además, ya les habrán dado la lista de todo lo que dejaron pendientes los anteriores (y tienen que resolver qué asumen y continúan y qué descartan para olvidar); en tercer lugar, sobre ellos estará cayendo ya el rimero de peticiones, ideas, sugerencias, algunas apremiantes, que los ciudadanos tenemos siempre dispuestas para colocar ante las miradas de quienes nos representan y para las que vamos a requerir inmediata respuesta. Me apunto a este último grupo y planteo al nuevo Ayuntamiento de Cuenca que, con la urgencia y eficacia convenientes, afronte cuanto antes el tema siguiente.
Las bibliotecas municipales de barrio son los soportes esenciales, básicos, de cualquier acción de tipo cultural, social y participativa en una ciudad. Cuenca viene padeciendo un gravísimo déficit de bibliotecas municipales (solo hay dos, en Fuente del Oro y Villarromán) situación que empeora por la situación de mal trato que ambas vienen recibiendo en los últimos años; basta decir que hay un solo bibliotecario para las dos, que tienen que alternar los días de apertura. Por no hablar de otras calamidades que vienen  empañando el funcionamiento de unas instalaciones culturales que deberían ser básicas, prioritarias, en la actividad social del barrio.
Estas bibliotecas se implantaron, en condiciones muy precarias, en 1999. Entonces eran las dos primeras de una red que inicialmente debería contar con seis, pero las cuatro siguientes nunca llegaron a nacer y en esa situación, de embarazosa espera, siguen veinte años después. Me parece que ya ha pasado tiempo suficiente para que el Ayuntamiento considere que es un asunto prioritario continuar ampliando la dotación de bibliotecas de barrio y otorgar a las dos que languidecen tristemente un trato más considerado, en atención a los vecinos de esos ámbitos pero también a los trabajadores que llevan ya mucho tiempo ninguneados, como si el apelativo de Biblioteca Municipal no fuera un factor de exigencia para su verdadero responsable, el Ayuntamiento, aunque se haya lavado las manos trasladando la responsabilidad a otros.
Para que se comprenda bien lo que estoy diciendo aporto estos datos: en Albacete hay 18 bibliotecas de barrio y en Ciudad Real, 10. A quienes les gusta hacer comparaciones, que las hagan y extraigan sus conclusiones.
El nuevo concejal de Cultura, que tiene ante sí un amplio catálogo de cuestiones, debería considerar la conveniencia de poner en un lugar prioritario resolver este asunto que, además, no es excesivamente complicado, ni siquiera muy oneroso desde el punto de vista económico (eso que tanto asusta siempre a los concejales de Cuenca) sobre todo si se pone en relación con los incontables beneficios que produciría en sus destinatarios, especialmente en las poblaciones de niños y personas mayores de esos barrios, para los que la biblioteca municipal debería ser un elemento básico de cohesión social y cultural. Cada vez que en el futuro el alcalde o cualquier concejal quiera hablar de la importancia de la Cultura en Cuenca y su proyección exterior, piense primero en la penosa situación de las bibliotecas de barrio. Y luego hable, si puede.