RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Pura endogamia

Probablemente hayan escuchado alguna vez eso de que «sin periodismo no hay democracia». Nuestro gremio, el más endogámico de todos, lo ha repetido hasta convertirlo en consigna. La profesión pierde poder, reputación y dinero a un ritmo vertiginoso y vincular su supervivencia a la de la democracia es su grito de auxilio, el grito de auxilio más pretencioso jamás lanzado. ¡Que alguien nos ayude! Pero no lo hagan por nosotros. Es por su bien.
El 1 de agosto de 2007, Vocento pagó 132 millones de euros por el diario gratuito Que, una cabecera que no tardó mucho en desaparecer. Seis años después, en agosto de 2013, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, compraba el Washington Post por una cifra parecida: menos de 200 millones de euros al cambio de entonces. En el lapso espacio-temporal de esas dos operaciones el ecosistema de las redacciones se vino abajo. No hay eslogan que arregle eso.
Antes que la democracia, deberíamos plantearnos con seriedad cómo vamos a salvarnos nosotros, cómo vamos a volver a ser útiles para la sociedad, cómo revertir los índices de confianza que aparecen en cada barometro cada vez que se le pregunta a la gente. Uno reciente de Reino Unido indicaba que los británicos se fían ya menos de los periodistas que de los agentes inmobiliarios.
En mala imagen sólo nos superan los políticos. Es una de las tantas cosas que tenemos en común con ellos. Otra coincidencia es que, en general, nos afecta bastante poco cómo nos perciben fuera de nuestro círculo a pesar de que estamos expuestos diariamente a su concurso. Los últimos periodistas del planeta seguirán enzarzados en una furibunda discusión sobre asuntos intrascendentes sin darse cuenta de que hace mucho tiempo que no hay nadie escuchando lo que dicen. Lo que decimos. Feliz Navidad.