Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


La desgracia y el indulto

02/06/2021

El indulto a los líderes independentistas que intentaron violentar nuestra democracia en Cataluña no sería una media de gracia sino una gran desgracia, argumenta Emiliano García-Page, alineado en la punta de lanza de lo que se ha venido en llamar el PSOE clásico, más proclive a Felipe que a Zapatero en sus raíces históricas más inmediatas.  El contrargumento es que ese indulto sería una medida de concordia que nos colocaría ante la pacificación de Cataluña, tras diez años de insoportable ingobernabilidad, dicen las terminales del llamado ‘sanchismo’ que, a veces, son tan del PSOE como Iván Redondo, el que se tiraría por un barranco si su presiente se lo pide.
Mi deseo de que Cataluña, y con ella toda España, llegue a algún punto de sosiego es inmenso, firmaría lo indultos si así se consigue, incluso podría llegar a tírame por algún barranco. Pero mi deseo es tan grande  como mi escepticismo si la medicina son unos indultos que, por otra parte, ya se probaron en otros momentos de la historia sin ningún resultado distinto al agravamiento de la enfermedad. No creo que nadie a estas alturas  pueda negar que es un objetivo irrenunciable, además de necesario, conseguir que las aguas en Cataluña vuelven por un cierto cauce de normalidad tras el órdago del ‘procés’. ¿Piensa Pedro Sánchez que podemos llegar a ese puerto  indultando a los responsables del desafío? ¿Podrán con el indulto vivir tranquilamente esa mitad de ciudadanos catalanes que han visto violentados sus derechos durante décadas por el nacionalismo y su apisonadora? Creo que pocos españoles se negarían a firmar el indulto si así ocurriera, pero el indulto, hoy, en estas condiciones, no lo aprueba ni el Tribunal Supremo ni una mayoría de los ciudadanos españoles, y ojo, y a ellos va dirigido el mensaje nítido de García-Page, tampoco una mayoría clara de votantes del PSOE.
Por eso el indulto sería una desgracia, y una «condena para el PSOE», según el presidente de Castilla-La Mancha. Se teme la imagen de un partido de nuevo contra la cuerdas y perdiendo votos incluso en feudos indiscutibles como el castellano-manchego, un partido menguante con un Pedro Sánchez al que resultaría mucho más fácil creer en sus ansias de concordia, contra todo y contra todos, si no nos tuviera acostumbrados a hacer lo contrario de lo que dice con frecuencia, y cambiar de opinión con una facilidad asombrosa varias veces al trimestre. La línea de coherencia del presidente del Gobierno es imperceptible desde el mismo momento en el que asumió el poder, las contradicciones han sido escandalosas en algún momento.
Tiene razón Felipe González cuando afirma que el arrepentimiento es un concepto algo viejuno y poco operativo, algo más asociado a una tradición religiosa judeo-cristiana que a un orden político temporal. Desde luego no es lo más eficaz para tratar el asunto que nos ocupa. Poco cambiaría si alguno de ‘los Jordis’ o el propio Oriol Junqueras dijeran estar arrepentidos de sus acciones. Lo realmente importante es que se comprometan a respetar un ordenamiento jurídico que a ellos les permite ejercer políticamente como independentistas con total libertad, a la vez que protege a los que no son como ellos y son víctimas de sus abusos. Y esa determinación de respetar la ley ni está ni se la espera. Por eso, en las actuales circunstancias, el indulto es una claudicación que podemos pagar cara, los españoles, la Constitución que ha sostenido nuestra democracia durante las últimas décadas  y  el propio PSOE
Dice García Page que su oposición profunda nace también de su «condición de socialista». No se puede pasar por alto: ¿es posible poner el acento en la igualdad y favorecer sistemáticamente a los que rompen, la quiebran y la maltratan, los que son insolidarios, los que segregan y marginan?. Oponerse a los indultos desde la condición de ser de izquierdas es seguramente el enfoque más necesario hoy para España, y eso es tanto como colocarse ante la necesidad imperiosa que tiene nuestro país de una izquierda que excluya de sus aritméticas parlamentarias a los que por sistema quiebran la igualdad de todos y la consideración de España como un gran espacio de solidaridad. Oponerse a la medida de gracia para los responsables de la mayor afrenta sufrida en décadas por ese espacio de solidaridad no deja de ser un ejercicio de  coherencia para una izquierda comprometida con España frente a los malabarismos sin red, al filo del barranco, con resultados más que inciertos.



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