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Jesús Fuentes

ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Escaleras

03/12/2021

Desde que iniciaron su andadura los Ayuntamientos democráticos, se vió la necesidad de erradicar los automóviles del Centro Histórico de Toledo. Existió un tiempo en el que los concejales iban por delante de los ciudadanos que les votaban. No podía entenderse la ciudad medieval, renacentista y levítica con las calles y las plazas convertidas en aparcamientos. El misterio de las leyendas de Bécquer, la espiritualidad sublimada del Greco o las farras de Buñuel, Dalí y compañía perdían encanto entre el olor a gasolina y frenos recalentados. Para conseguir liberar a la ciudad de los coches se encargaron documentados estudios con los que pertrecharse de argumentos con los que doblegar las resistencias cazurras de ciudadanos y comerciantes. Había que buscar medidas que permitieran mantener la vida ordinaria de los habitantes sin el estorbo de aquellas maquinas que ocupaban cualquier espacio vacío por inverosímil que pareciera. Se propuso construir remontes y aparcamientos subterráneos.
El primer remonte fue el de Recaredo y contra el que se libró una batalla inaudita. Se desató una virulenta algarabía entre los ciudadanos. En bares y calles, en plazas y restaurantes, en comercios y farmacias, en todos los lugares se hablaba del disparate de abrir una brecha en esa vertiente de Toledo que se podía contemplar desde Vega Baja. Iba a ser una herida que desangraría definitivamente a la ciudad. Han pasado 20 años y lo que empezó con la oposición de la ciudadanía, se convirtió en un éxito que nadie cuestiona. Ahora, las batallas son otras: el mantenimiento. Que esos instrumentos urbanos se mantengan limpios, iluminados, sin impresión de abandono o marginalidad, Y además, que funcionen. Sin embargo las resistencias de unos y otros a no separarse del coche mantienen las plazas y calles del centro histórico abarrotadas de automóviles y los aparcamientos subterráneos infrautilizados
Vaciar el centro histórico de Toledo de automóviles parece ser algo del pasado, apenas preocupa. Se rehúye el asunto. Quema. Entre tanto, el trazado viario se descompone y se destruye. El peso, los gases, ruidos e impactos vibratorios acosan a las vías urbanas y a los edificios históricos. El concepto de sostenibilidad aplicado al centro histórico carece de proyectos conocidos. Nadie quiere abrir un melón que no se sabe cómo va a salir. Así que mejor, no manosear el asunto.

ARCHIVADO EN: Toledo, Gasolina, Vega Baja