ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Toledo en el corazón

Ha comenzado el año 2020 en la Biblioteca Regional de manera prometedora: la presentación del libro póstumo de Juan Sánchez «Toledo en el Corazón», una expresión que evoca la «España en el corazón», de Albert Camus, que las generaciones que participaron en la guerra civil española, llevarían consigo, según el escritor francés.
El libro organizado por Fernando Martínez Gil, para su edición en Ledoria, lo estaba preparando Juan desde hacía tiempo, sin intuir que este le sería arrebatado precipitadamente. De ahí la intervención de Fernando para terminar el encargo explicito de Juan. Estaba convencido que era el adecuado para completar su obra. En el libro se han reunido textos de distintas épocas sobre sus dos grandes pasiones: Toledo y las Bibliotecas. Para Juan, Toledo era una biblioteca como la de Borges: infinita, inabarcable, periódica. En sus salas hexagonales se conservan la historia y la sabiduría de la humanidad. Las calles serían las estanterías en las que se apilan, ordenada o caóticamente, los pergaminos y libros que contienen los misterios de la vida y de la naturaleza, tal como fueron revelados a las generaciones primigenias. De ese valor, más allá del tiempo, nacía el interés de Juan porque la ciudad no se desnaturalizara o desapareciera. Él se consideraba, manteniendo la terminología de Borges, el «bibliotecario imperfecto». Un bibliotecario, no obstante, que conoce todas las calles, todos los pasadizos, todos los adarves y todos los secretos almacenados en sus anaqueles milenarios. 
Por si le convocaban a organizar bibliotecas en galaxias lejanas, tal como así ha sido, quiso dejar este libro póstumo como manual de instrucciones para sucesores en siglos posteriores. Que le llamarán para repetir el mismo trabajo que había hecho en Toledo era más que probable, ya que él era un explorador del infinito. Un hombre al que la experiencia religiosa transformó en un visionario atemporal. Un hombre «fieramente humano», en expresión excelsa de Nietzsche, que utilizó sus capacidades intelectuales y emocionales para desarrollar una misión: hacer llegar a todos los lugares habitados los libros, las lecturas, la ciencia y las sabidurías de cualquier época y de cualquier tiempo. Juan no podía olvidar que, en diversas etapas históricas, Toledo había sido cobijo de traductores, filósofos, alquimistas, poetas, magos y gentes de creencias diferentes que colaboraron para conservar los textos básicos de la cultura europea. Para Juan Sánchez, las bibliotecas y Toledo eran antídotos eficaces contra la ignorancia y las supercherías que puedan surgir en el desarrollo de la humanidad.