El Senado como órgano real de representación autonómica

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La calma que reinaba en la política regional en los primeros compases de la nueva Legislatura tras la toma de posesión del presidente, Emiliano García-Page, se ha roto a cuenta de la elección de los tres senadores por designación autonómica que representarán a Castilla-La Mancha en la Cámara Alta.
Se trata de un asunto que, otrora, pasó casi desapercibido, en especial, para la opinión pública. El bipartidismo mandaba y el reparto de escaños venía marcado por ley, por norma.
Pero la irrupción de otras formaciones en el Convento de San Gil más allá de PSOE y PP terminó por alterar el proceso. En la anterior etapa, cabe recordar que Podemos se hizo con uno de los dos senadores que correspondieron a los socialistas en virtud del acuerdo de gobernabilidad alcanzado entre ambos partidos y que hicieron a García-Page presidente en detrimento de la ‘popular’ María Dolores de Cospedal.
Pero la situación, el escenario es distinto en esta ocasión. Los socialistas tienen dos aspirantes, Mayte Fernández y Jesús Fernández Vaquero; desde el PP propusieron a Carolina Agudo, mientras que Ciudadanos presentó a Casandra Castiblanque.
Es evidente que con el actual reparto de escaños en el parlamento castellano-manchego, y los votos que son precisos para alcanzar un senador por designación autonómica, Ciudadanos no tendría posibilidad de colocar a su candidata en Madrid.
Otra cosa es que se produzca una cesión de papeletas desde las filas socialistas a los naranjas, como así sugirió la portavoz regional del PP, Carmen Riolobos, quien acusó a la formación de Albert Rivera de incluir en la negociación en Castilla-La Mancha de ayuntamientos el escaño en el Senado, indicando que se habían «vendido» por un «plato de lentejas».
Sea como fuere, y como termine esta especie de cambalache, lo que no parece de recibo es que todavía se siga hablando de reparto de sillones en vez de buscar, por ejemplo, la conversión del Senado en un órgano representativo de la España autonómica, y con un papel notable en la toma de decisiones, por ejemplo, en el debate de la financiación de las comunidades.
Pero es más: desde hace años se viene hablando sobre si el Senado es o no la jubilación de oro para políticos en retirada o para aquellos de cierta alcurnia que no vieron cumplidas sus expectativas en las urnas. Quizá ya llegó el momento de abrir en serio este debate más allá del oportunismo de un momento dado en períodos preelectorales, y no mantener en su actual configuración este órgano de representación. Mientras ese escenario llega, seguiremos expectantes ante el reparto de escaños. Y no sólo en Castilla-La Mancha.