TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Sánchez quisiera ser Suárez, pero sin hacer lo que Suárez

Que a Pedro Sánchez le gustaría pasar a la Historia, con mayúscula, como una suerte de Adolfo Suárez, en plan artífice de la segunda Transición, es algo de lo que no me cabe duda. Y que, además, aplaudo. Otra cosa es encontrar el talento, el talante y la compañía para lograrlo. Lo primero hay que demostrarlo; el talento, digo. El talante está lejos de ser el del primer presidente de un Gobierno democrático, aunque bien es cierto que muchos de los que hoy, a título póstumo, glorifican a Suárez fueron sus grandes detractores cuando consumía sus últimos meses en La Moncloa. Las compañías de Sánchez son obviamente peligrosas, y ahí se encuentra, sin duda, en una desventaja histórica con respecto al de Cebreros: aquel se rodeó de juristas notables, contó con socialistas moderados y con comunistas reciclados para llevar adelante su proyecto, al que incluso cooperó el president de la Generalitat, Tarradellas, todo ello en aras de servir al Estado. En cambio ahora...

Ignoro si Sánchez percibe la soledad en la que se halla, incluso pese a la aparente docilidad de hogaño de los ayer arriscados socios de coalición. Me parece obvio que Pablo Iglesias procura atribuirse todos los logros 'sociales' del Ejecutivo, mientras que se despega de los temas abrasivos, como Ábalos, sin ir más lejos. Y en cuanto a los separatistas catalanes, la impresión es la de que tienen más interés en mostrar el dominio que poseen sobre el Gobierno central que en llegar a acuerdos verdaderamente sustanciosos con el Estado.

Así, y tras el desencuentro evidenciado el pasado lunes con el líder de la oposición, Pablo Casado, creo que las mesas de negociación varias en las que Pedro Sánchez se ha embarcado muestran un panorama muy diferente a aquellas que puso en marcha Suárez. Un día, ya lejano, cuando aún apenas se atrevía a soñar que llegaría a La Moncloa, Pedro Sánchez me llamó para que le sugiriese algunos títulos sobre la vida y milagros de Adolfo Suárez. No sé si los ha leído con mucho aprovechamiento, la verdad. Creo que, puestos a ver paralelismos, el actual presidente debería considerar que Suárez nunca se hubiese dejado imponer una fecha por nacionalista o separatista alguno. Y que jamás hubiese colocado en la Fiscalía a alguien con las características de Dolores Delgado; no porque sea ex ministra -Javier Moscoso, que también ocupó la Fiscalía, había sido igualmente ministro-, sino por cómo llegó al Ministerio y cómo lo desempeñó.

Suárez fue el maestro del diálogo, del consenso, de la flexibilidad. Sin duda, cuestiones como los medios de comunicación estatales, el Centro Nacional de Inteligencia o la propia Fiscalía General del Estado, para no hablar de otras mesas de negociación -recordemos los pactos de La Moncloa-, las hubiera llevado de muy otra manera. Y lo mismo valga decir para Cataluña. Si Pedro Sánchez quiere pasar a la Historia como Suárez, primero tendrá que hacer las cosas como las hizo Suárez. Y tener el plantel de colaboradores que tuvo Suárez. No, nada es lo mismo que entonces, ya lo sé. Pero tampoco tendría por qué ser tan diferente.



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