NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Acoplamiento laboral

24/07/2020

La carrera espacial que disputaron la antigua Unión Soviética y Estados Unidos en los años 50 y 60 no fue nada más -y nada menos- que una lucha de egos. Pero una lucha que supuso todo un avance tecnológico y de desarrollo del conocimiento. La motivación existía, y la ciencia casi la teníamos, solo había que resolver -y disculpen la arrogancia de ese «solo»- cuestiones técnicas para lograr ese objetivo por el que competían ambas potencias: el de ser el primero en poner el pie en la Luna. Cuestiones como materiales más ligeros, tornillos que sirvieran en cada panel, remaches que no se derritieran en la reentrada en la atmósfera… Solo cuestiones técnicas.
Aspectos que se fueron descubriendo a medida que avanzaba esa carrera en la que participaron distintas empresas sin conocimiento previo. Los que fabricaron el primer módulo lunar no tenían experiencia previa. Aprendieron sobre la marcha. Generaron conocimiento. Desarrollaron un aprendizaje para adaptarlo a una necesidad empresarial. Histórica en este caso. Y aquello fue toda una formación profesional.
La FP ha sido siempre una de las fórmulas educativas denostadas por la sociedad. Cuántas veces habremos oído eso de que «está haciendo un módulo, no valía para estudiar». Pero no es real. La FP necesita que se le de la dignidad y prestigio que merece, y los datos no defraudan si tenemos en cuenta que 8 de cada 10 estudiantes de estas enseñanzas medias tienen empleo al terminar su formación según la CEOE. ¿A que es para pensárselo?
Esta semana el presidente del Gobierno presentó el Plan para la Modernización de la FP. Un plan dotado con 1.500 millones de euros, que podrían ampliarse gracias al acuerdo alcanzado en la UE para el Fondo de Recuperación, y que busca impulsar esta vía formativa que, en palabras del presidente de Bankia, José Antonio Goirigolzarri, será la «palanca clave» en esa recuperación económica.
Una de las bazas a jugar será la de la acreditación de las competencias profesionales de los trabajadores, ya que el 48 por ciento de la población activa no las tiene reconocidas.
Pero la FP necesita de la empresa para ser efectiva. La colaboración público-privada será indispensable para dar a esta formación las herramientas necesarias para servir a las necesidades laborales de nuestra economía, y por tanto el prestigio que merece. Pedro Sánchez advirtió que en el año 2025 el 49 por ciento de los puestos de trabajo requerirán esta formación intermedia.
El reto está, al igual que ocurría con las misiones espaciales en aquella alocada carrera, en conseguir «acoplar» la nave espacial al módulo que debía llevar al hombre a la luna. Armonizar la formación con el mercado y la funcionalidad, con el puesto de trabajo. Hoy los desafíos están en la inteligencia artificial, big data, la robótica, la ciberseguridad… Si la formación es la adecuada, las empresas encontrarán los perfiles que necesitan para esos desafíos. Y para ello es necesaria esa colaboración, ese contacto entre empresas y centros. Y si hace falta hasta la intervención de las empresas en la elaboración de los temarios. Si esa acoplación llevó al hombre a la Luna, también ayudará a sacarnos de esta crisis.