VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


Paracaidistas

Llegar a la política desde la sociedad civil y tras haber desarrollado una carrera en cualquier sector de la vida laboral tiene su lado bueno y también el malo. Estos días hemos asistido a una catarata de desembarcos de gente ajena a la política en las listas electorales que han dejado pequeña a Normandía: militares, periodistas, empresarios, entrenadores, hasta abogados del Estado que han satisfecho la inconfesable aspiración de jugar al juego parlamentario, una querencia que ocultaban durante el ejercicio de sus funciones anteriores. O eso parecía. La erótica del debate, de los micrófonos, de las cámaras, de tantas y tantas tertulias y programas de televisión y radio en los que podrán ser reclamados, ha podido más que sus vocaciones y ambiciones profesionales. No es criticable. Es analizable.
Durante mucho tiempo se ha reclamado que la sociedad civil aporte lo que pueda a la vida pública. La experiencia en la empresa privada, en instituciones de muy diversa índole, en el deporte, en todos los campos en los que España es alguien en el concierto mundial. Basta ya de profesionales de la política, decíamos. De hombres y mujeres de partido, criados en el regazo de organizaciones cerradas, escasamente democráticas y en las que la única meritocracia es ser amigo del que manda. Dirigentes que no han tenido una nómina jamás fuera de las siglas, y mucho menos saben lo que se siente al tener que pagarlas a los trabajadores empleados bajo tu responsabilidad: un sudor frío cuando no llegan los ingresos esperados, un temblor de piernas cuando encontramos en el buzón alguno de los innumerables tributos que hay que pagar en este país hasta por respirar. Por eso la sangre nueva es buena y aporta necesariamente aire fresco a la actividad política. Y a pesar de todo ello, los paracaidistas que esta vez han caído en oleadas sobre nuestros campos ya demasiado trillados, van a ser sometidos a un constante escrutinio (fact checking le llaman ahora los vigilantes de la pulcritud entendida solo a su manera). 
Cuando un presentador de televisión es reclamado para ocupar un ministerio del gobierno antes o después será ridiculizado y se tratará de encontrar alguna tacha en su expediente... aunque tarde poco más de una semana en quedar demostrada su existencia. Cuando el ex número dos de la compañía de bebidas refrescantes más famosa del mundo es llamado a la arena política, cientos de notarios escrutarán sus mensajes en redes sociales para arruinar su aterrizaje. Y así, y con sus sueldos francamente mejorables, pocos más querrán aportar al interés general su talento y experiencia. 


Las más vistas