Victoria Lafora


Vacunación y cantinelas

04/04/2021

Pese a que aún falta un mes para la cita con las urnas, Madrid está metida de lleno en la campaña electoral y hasta las vacunas se convierten en propaganda. El cierre de los centros de salud en Semana Santa, con la suspensión de la inmunización a los mayores de ochenta años que lleva un retraso vergonzante, ha permitido que el Hospital Isabel Zendal y el Wanda se conviertan en las imágenes de la campaña de vacunación que beneficia a Isabel Díaz Ayuso. Da igual que las colas sean interminables, lo importante es trasmitir la imagen de que aquí lo único suspendido han sido las procesiones.

De nada sirve que los maltratados sanitarios de los ambulatorios se ofrecieran para seguir vacunando estos festivos; hay que poner en valor al Zendal, mientras el mayor grupo de riesgo sigue esperando, un mes después, ser llamado para inyectarse.

Pero para el PP de Madrid la pandemia empieza a ser un tema cansino que no vende. Su objetivo es la mayoría absoluta que sirva de trampolín para Casado en su viaje a Moncloa y sea el acicate de poder que atraiga a los cuadros de Ciudadanos que huyen de la debacle.

Toni Cantó, pese a la prisa que se dio en cambiar de siglas, e incluso de empadronamiento, llegó tarde y no es descartable que tenga, al fin, que llamar a su representante para que le busque un hueco en el teatro. Su compañera de antiguas siglas, Marta Rivera De la Cruz, no va a tener ningún problema, con su puesto asegurado en el próximo gobierno de Ayuso. Si lo hay...

Mientras, el profesor Gabilondo (como le llaman ahora en el PSOE) sigue con su cantinela de ofrecer una gestión seria, alejada de las trifulcas pero con escasas posibilidades de sumar si no pacta con Iglesias. Salvo criticar a Ayuso, tarea bastante fácil, su campaña sigue siendo plana, desvaída, sin garra... Tal vez, porque le faltan los golpes de efecto, a derecha e izquierda, de sus contrincantes.

Por ejemplo, las visitas a comedores sociales de Entrevías que realizó el hasta ayer vicepresidente Pablo Iglesias y que no tuvo a bien hacer cuando era responsable, precisamente, de Asuntos Sociales. O la frase, dirigida no se sabe bien a quién, con la que instaba a sus competidores "de la izquierda" a dejar de lanzarse "puyitas" y remar unidos para echar al PP de Madrid. Y lo dice precisamente él, que ha utilizado a los medios de comunicación para arremeter contra el Ejecutivo del que formaba parte cuando no se salía con la suya.

De Vox para qué hablar, bastante tienen con salvar los muebles y que Monasterio no tenga que volver a dedicarse a la construcción de Lofts, de infausto recuerdo para algunos compradores.

Por último, Edmundo Bal, de Ciudadanos. Anda el pobre como pollo sin cabeza, repitiendo que no pactará ni con este ni con el otro, ni con el de más allá. Intentando no ser tragado por los contrarios y con poquísimas expectativas de salvación. Vaya papelón que le han endilgado.

Pero, lo peor es que los madrileños no le importamos un bledo a todos ellos.