Un amigo español que vive en Vietnam desde hace años –tuvo que marcharse con la crisis del 2008- me envía por wasap una fotografía de un supermercado de una ciudad de nombre impronunciable, porque solo nos son familiares Hanoi y Saigón. En la foto, un gran expositor plagado de máscaras “de protección integral y de tela”, me traduce. La gente normal va con buzos completos de protección desde la cabeza hasta los pies y la policía sigue a la gente que está en la calle. La orden de cierre de actividad se ha dado hace solo dos días. Cien millones de habitantes, 200 hospitalizados, ni un solo muerto. La renta per cápita es 20 veces menor que la española, y no falta material sanitario. Nada.

Un amigo español que vive en Segovia, una de las provincias más castigadas por el corona virus, me envía fotografías de su pueblo, con mujeres sentadas delante de las máquinas de coser haciendo mascarillas. La última es de él mismo, que ha aprendido a utilizar la máquina de coser y se ha puesto a la tarea. Telefoneo a otro pueblo de Segovia: todas las mujeres están haciendo mascarillas y las que no, buscando sábanas en los armarios para que las recoja y las lleven a quienes tienen máquinas. La propia guardia civil está colaborando en el llevar y traer, para que se respete el confinamiento.

¿Qué se ha hecho mal para que en España se hayan cometido tantos disparates? Un empresario chino, o varios empresarios, han enviado material defectuoso comprado por el gobierno español. Llegan noticias de que lo mismo ha ocurrido a Ucrania, Turquía y Países Bajos, pero cualquiera que conozca un poco cómo funciona el mundo civilizado sabe que los países de primer nivel, como el nuestro, cuentan en la embajada con una oficina con un técnico comercial del Estado al frente muy preparado, y cuenta con cámaras de comercio por todo el mundo. A esos organismos tendría que haber recurrido el gobierno en lugar de fiarse de un particular que les cuenta que conoce a un empresario en China que puede facilitar material sanitario. Da más valor el gobierno a ese intermediario –que quizá se ha llevado una comisión- que a los profesionales que tiene en la propia China, destinados allí precisamente para garantizar la legalidad y eficacia de compras como las que nos ocupan.

Los españoles están dando ejemplo en esta situación crítica, con la familia sanitaria en el número uno de la tabla de personas que merecen homenaje y reconocimiento público. Solo ha fallado el gobierno. Estrepitosamente, gravemente, peligrosamente. Aún recordamos aquellas cuatro palabras con las que tranquilizaban desde Moncloa cuando algunos alertaban sobre el tsunami: “España no es Italia”. Pues bien, el gobierno de un país mucho menos desarrollado que el nuestro sí advirtió que lo que ocurría en China e Italia obligaban a tomar medidas drásticas de precaución … y de abastecimiento de material sanitario.