NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Una (breve) teoría de la evolución política

Hace ya cerca de 20 años que cogí por primera vez a Charles Darwin a través de su tratado ‘El origen de las especies’. Pero nunca pensé que uno de los desarrollos más asombrosos del ser humano, el que le elevó hasta la cúspide de la pirámide evolutiva, a reinar sobre la cadena trófica, a liderar el despegue y a la vez declive del mundo conocido, fuera a convertirse también en la condena de su destino. No hablo ni del fuego, ni de la rueda, ni de las armas, ni de la bombilla. Les hablo del dedo oponible. Acontecimiento que hasta esta semana había protagonizado capítulos en sesudos tratados, estudios y ocupado los sueños de eruditos como el más singular paradigma de la evolución humana. Hoy se limita a coger un sobre para depositarlo en una urna. Si hacen el gesto me entenderán.
Sí, la democracia es otro de los elementos que vienen a constatar la superioridad de nuestra especie, y no me oirán despreciarla, pero sí me permitirán cuestionar el uso que de ella hacen algunos arrogándose una posición elevada por encima de la mayoría. Y es que uno de los errores que han cometido nuestros políticos en este tiempo es creerse en posesión de la verdad. De creer saber lo que sus votantes les estaban pidiendo. Unos leyeron en sus resultados electorales la necesidad de un gobierno progresista, otros la coalición, otros el bloqueo. ¿A ustedes les han preguntado por qué votaron lo que votaron? Pues a mí tampoco. Y sin embargo, todos dicen ser fieles a sus votantes y actuar bajo su mandato.
No seré yo quien llame a la movilización masiva el próximo 10 de noviembre, que cada uno actúe según su conciencia. Ni al voto útil para recuperar el bipartidismo. Ni al voto del miedo, del odio, del rencor o de la indignación. Costó mucho conseguir el sufragio universal como para ejercerlo gritando, escupiendo o aplastando. Tampoco llamaré a la abstención masiva para dar una lección a los políticos. A pesar de todo, sigo creyendo en el sistema.
Me resulta imposible resumir aquí el tratado de Darwin, pero si atienden a los títulos de algunos de sus capítulos se harán una idea, desde el dedicado a la ‘Divergencia de caracteres’ al de ‘Especies distintas presentan variaciones análogas’. No me digan que no es como si Darwin hubiera seguido el pleno del Congreso de los Diputados del miércoles, pero en 1859.
Uno se puede cuestionar el estudio de este biólogo si presta atención a la ‘especie’ política, porque lo que se dice evolucionar... Pero si me tengo que quedar con un capítulo, es el de la ‘Extinción producida por la selección natural’. Sí, Darwin ya advirtió de que la no adaptación al medio podría tener fatales consecuencias. En ese capítulo habla de que ‘la rareza es precursora de la extinción’, y hoy la rareza en España es volver a votar. ¿A qué especie le tocará extinguirse?


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