RUMBOS EN LA CARTA

Juan José Laborda

Historiador y periodista. Expresidente del Senado


Hombres encantados fuera del orden natural

15/03/2021

Recupero la sentencia de un letrado de la Chancillería de Valladolid, Martín González de Cellorigo, que hacia 1600 escribió sobre aquella sociedad, igualmente agitada como ésta: No parece sino que se han querido reducir estos reinos a una república de hombres encantados que viven fuera del orden natural. 
González de Cellorigo vivía en una España endeudada, y con unos dirigentes que carecían de planes para animar y movilizar a una sociedad desorientada dentro y fuera de sus fronteras. El pasado no se repite nunca, y nuestra actual situación no es tan oscura como en tiempos de Cellorigo, con guerras, expulsiones de minorías raciales, y duros tiempos económicos. Pero su párrafo, que rescató Pierre Vilar en su más conocido artículo, sirve, una vez más, para referirnos a nuestra situación sociopolítica. 
Escribí los dos párrafos anteriores hace ahora seis años, y me refería a los dirigentes y a los partidos políticos de aquella fecha. Lo que en 2015 se iniciaba, la incapacidad de nuestras instituciones e instrumentos democráticos para resolver los graves problemas -desde Cataluña hasta la recesión económica-, a día de hoy se ha llegado al grado mayúsculo del encantamiento; en el doble sentido que le dio González de Cellorigo, a saber, encantamiento como enajenación o locura, y referido a los dirigentes partidarios, ellos mismos ‘encantados de haberse conocido’. 
Hace ya tiempo pedí en varios artículos míos, y lo reitero de nuevo: ¡por favor, hagan punto y aparte, si de verdad quieren resolver nuestros problemas públicos, y pónganse de acuerdo para hacerlo! Pero creo que ya es tarde. 
Escribo este texto cuando Cataluña no tendrá más la exclusiva de la inestabilidad. Desde Murcia, pasando por Madrid, llegando a Castilla y León, la emoción no cesa con tantas mociones... ¿punto y seguido cuando se necesitaba un definitivo punto y aparte?
¿Lo tomamos en serio?    
Al parecer, el partido de Inés Arrimadas, antes de Albert Rivera, convencido de la gran cohesión y estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez (con su leal socio Pablo Iglesias, dando diariamente fe de ello), y conociendo de primera mano la suprema institucionalidad del previsible Gobierno de Cataluña de ERC, el grupo de Puigdemont y los de la CUP, el partido Ciudadanos, ahora de Arrimadas, ha pensado que lo que sucede en Murcia pasaría desapercibido y sin consecuencias nacionales, y en cualquier caso, echar al PP del ejecutivo murciano pertenece al orden natural propio de la trayectoria coherente del partido de Rivera y Arrimadas. No hay que echar en saco roto la prístina ejecutoria del PP murciano, con Teodoro García Egea actuando sin parar, en la ruptura de los dos antiguos socios de coalición. 
La presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, llevaba tiempo pensando en elecciones anticipadas, dada la no muy perfecta relación con su socio de coalición, Ignacio Aguado, su vicepresidente del partido Ciudadanos. La intención de Díaz Ayuso de disolver la Asamblea era conocida, y fue propalada por periodistas y los habituales tertulianos. 
Sin embargo, cuando Díaz Ayuso firmó el decreto de disolución, los dirigentes del PSOE, Ángel Gabilondo, y de Más Madrid, Íñigo Errejón, sólo entonces reaccionaron presentando mociones de censura contra la presidenta Díaz Ayuso. Dada la tranquilidad que se respira en Madrid, con la pandemia y con el estilo trumpista de su presidenta, es comprensible que Gabilondo y Errejón ni se les pasase por la imaginación que se fuera a un adelanto electoral. Como las dos posturas tienen argumentos, que se vaya a elecciones, o votar la censura de Díaz Ayuso, será el Tribunal Superior de Madrid quien finalmente lo decidirá; así que la emoción se mantendrá hasta entonces, y es previsible que con gran entusiasmo de público y crítica. 
Ignacio Aguado no parece que fuera a seguir a sus conmilitones de Murcia, pero el caso ha sido que su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, argumentó que Ignacio se iba a pasar al enemigo, y aunque él nunca mostró cercanía con Ángel Gabilondo, Isabel lo cesó como vicepresidente de su Gobierno, con lo que Ignacio Aguado quedó en una situación más bien mala, por no calificarla de pésima, tanto si se va a elecciones, o se vota la censura de su antigua aliada. 
No estemos seguros que Pablo Casado se haya dado cuenta de que la osadía de Isabel Díaz Ayuso va también contra él. Díaz Ayuso tiene más probabilidades de sacar adelante su proyecto de elecciones anticipadas, que sus opositores Gabilondo y Errejón, que temen un posible resultado de las mismas. Yendo a elecciones, Díaz Ayuso se quedará en una envidiable situación estratégica de cara al futuro del PP. Gane o pierda en las posibles elecciones madrileñas, salvo que los jueces atiendan los recursos de sus contrarios, Díaz Ayuso estará en situación de imponer su estrategia trumpista para el futuro del PP. Isabel Díaz Ayuso tiene a su favor su osadía, tiene a su favor a Aznar, al sector católico intransigente de Mayor Oreja (atención: ese sector derribó a Adolfo Suárez y representa a los quejosos de que la derecha española no sea un partido católico), a Vox, y a la derecha populista europea, y en suma, a favor de los que piensan que solo con esa oferta populista-católica-rompedora se puede vencer a los socialistas en las próximas elecciones. Paradojas de la política (sin ideas), a Unidas Podemos (en femenino) le va a suceder una mujer, Isabel Díaz Ayuso, en insolencia, desvergüenza, atrevimiento e irresponsabilidad. En Castilla y León, el socialista Luis Tudanca sólo alcanzaría la presidencia si el grupo de Ciudadanos se rompiera votando su moción de censura. Demasiado pronto. La gran ruptura se producirá después de que Ciudadanos estalle en pedazos.