COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Una campaña larguísima

14/04/2021

Por lo general todas las campañas electorales que se suceden en España son muy largas. Tanto que comienzan el mismo día en que son convocadas, cincuenta y cuatro días antes de la votación. En este lapso los candidatos tienen que esforzarse en no cometer errores de bulto que puedan hundir la intención de voto a su candidatura, y sobrevivir al fuego amigo que se suma al bombardeo graneado de los oponentes. La campaña electoral madrileña ante el 4-M no es ajena a ambas circunstancias y a medida que se acerca su final se acentúan las posibilidades del error, máxime cuando se producen interferencias de las direcciones nacionales de los principales partidos, o del Gobierno, que tienen otras agendas distintas que gestionar.  

La constitución de una comisión de expertos que deben elaborar una propuesta de reforma fiscal a finales de febrero de 2022 para actualizar el sistema tributario en la línea de aumentar el impuesto de sociedades, patrimonio y donaciones, ha sido interpretado como un torpedo en la línea de flotación a la campaña electoral del candidato socialista a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo, que prometió no subir los impuestos en los próximos dos años.  Además de perjudicar la campaña de Gabilondo, -pese a que el ‘factor calendario’ y de que se trata de imposiciones que llegan desde Bruselas le permitan seguir diciendo que no subirá los impuestos-, la iniciativa de Hacienda favorece el victimismo de Isabel Díaz Ayuso y su ultraliberalismo fiscal. Pero no se puede obviar que, para muchas comunidades autónomas, incluso del PP, la actitud de Madrid con los impuestos es un caso flagrante de dumping fiscal, que la presión impositiva española está por debajo de la media europea, y que incluso el FMI y la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, han cometido la herejía de pedir un aumento de los impuestos ‘a los ricos’ para hacer frente a los gastos extraordinarios que ha supuesto la pandemia.  

Otro tanto ha ocurrido con la declaración del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez sobre las dudas que arrojó sobre los datos de la pandemia en Madrid, una gestión, la de Díaz Ayuso, alabada por la dirección nacional del PP, pero que no han seguido el resto de las comunidades autónomas gobernadas por el PP, que incluso han puesto en duda que sea el paradigma.  

Como dijo Fernando Simón no hay dudas sobre la calidad de los datos que comunica la Comunidad de Madrid. Ahora bien, cuestión distinta es que esos datos sean igual de exhaustivos, o que se realicen el número de pruebas diagnósticas proporcionales a su población. En cualquier caso, las estadísticas dicen que Madrid está peor que la media nacional en todos los parámetros que miden el control de la pandemia e incluso en la actividad económica, porque no todo es hostelería. El presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, afirmaba recientemente que su comunidad había resistido mejor la crisis económica, con una caída del PIB del 6,9%, frente al 7,9% de Madrid, a pesar de tener mayores restricciones, al tiempo que ponía en duda que fuera una buena táctica convertir las elecciones autonómicas en un trasunto de elecciones generales.  

Sin duda, la campaña de Gabilondo sufre por las intromisiones de La Moncloa, pero la de Díaz Ayuso también comienza a tener que sortear otras piedras en el camino.