ESCAÑO CERO

Julia Navarro

Periodista y escritora


La libertad de temer

14/04/2021

El miedo es libre es una frase más que manida pero que responde a la realidad. Y el miedo a la vacuna de Astrazeneca es lo que tienen miles de ciudadanos y ese miedo se sustenta en la confusión que ha girado en torno a esta vacuna.

Como no soy científica ni tampoco médico, no voy a defender ni tampoco denigrar la vacuna de Astrazeneca. Pero como ciudadana si tengo capacidad para reflexionar sobre la ceremonia de la confusión en torno a esta vacuna que es lo que está provocando que miles de ciudadanos desconfíen de ella.

Recordarán ustedes que cuando se aprobó la vacuna se dijo que durante la fase de ensayo de la vacuna esta se había probado mayoritariamente en personas jóvenes y en un número menor en mayores. De manera que los gobiernos de la UE decidieron que mejor vacunar con ella a los más jóvenes y así se ha venido haciendo.

Luego empezaron a aparecer efectos secundarios sin duda alarmantes, los trombos, ictus, etc. Al principio se negó que tuvieran nada que ver con la vacuna, después se ha reconocido que efectivamente pueden tener alguna relación. Se suspendió la vacunación temporalmente en buena parte de los países de la Unión Europea, aunque después se decidió que los casos de personas que sufrían estos efectos indeseados eran proporcionalmente bajos comparados con el número de personas vacunadas. Se decidió seguir vacunando a los más jóvenes fijándose el tope de cincuenta y cinco años.

Poco después decidieron ampliar la edad a los 65 además de a quienes tuvieran más de esta edad pero fueran trabajadores esenciales.

A continuación y después de comprobar que a personas menores de cincuenta y cinco años, la mayoría mujeres, sufrían los efectos secundarios de la vacuna, se ha decidido que es mejor vacunar a los mayores y no a los más jóvenes y así ahora se va a vacunar con Astrazeneca hasta los 69 años.

Lo cierto es que a estas alturas tantos cambios de opinión lo que han provocado es una enorme desconfianza entre los ciudadanos y son muchos los que no quieren recibir la vacuna de Astrazeneca.

Ojo, no es que estos ciudadanos sean "anti vacunas", sencillamente no se fían de esa vacuna y con razón. La respuesta de las Administraciones de Salud es que no se puede vacunar a la carta y por tanto los ciudadanos tienen que aceptar lo que decidan las autoridades en cada momento.

Y ahora viene la segunda parte, la de la reflexión. Sin duda es titánico el esfuerzo que se ha venido haciendo para descubrir una vacuna que ponga freno al Covid. Y en estos momentos hay varias en el mercado. Naturalmente sería una insensatez afirmar que estas vacunas no tienen efectos secundarios a corto y quién sabe si a largo plazo debido a que no ha habido suficiente tiempo para contrastar estos efectos, para eso se necesitan años, al igual que sucede con otros medicamentos. Pero lo importante, sin duda, es que las vacunas existen, de eso no tengo la menor duda.

Ahora bien me parece que los gobiernos lo que no pueden es imponer a los ciudadanos con que vacuna deben de ser inoculados. Dirán que son los expertos los que deben de tomar esa decisión pero habida cuenta de que los expertos han cambiado de opinión respecto a Astrazeneca, es comprensible que los ciudadanos también tengan voto y voz sobre con que vacunan desean ser inmunizados. Uno no puede ir a vacunarse con la sensación de que está jugando la ruleta rusa y que puede pasar a formar parte de la estadística de los que sufren un ictus, por más que las autoridades sanitarias insistan en que los beneficios superan los riesgos. No lo dudo, salvo que a uno le toque sufrir el ictus.

El problema es que la Unión Europea ha gestionado rematadamente mal todo lo que a la compra de vacunas se refiere. Sin duda es una excelente idea que sea la UE quien negocie y compre en nombre de todos los países que la conforman, pero no se han gestionado bien esas compras. La apuesta de la UE ha sido por la vacuna de Astrazeneca lo que supone que se ha invertido mucho en esta vacuna que además es más barata que la Pfizer y Moderna.

De manera que ahora mismo es más el volumen de vacunas compradas de Aztrazeneca que de Pfizer y Moderna y por tanto, son lentejas, es la que los gobiernos europeos nos quieren imponer a los ciudadanos.

Yo estoy entre quienes defienden la necesidad de que nos vacunemos todos y cuanto antes mejor. Y por dos razones, por nuestra propia salud pero también por la de los demás. Ahora bien pregunto en voz alta: ¿Puede el Gobierno imponernos el tipo de vacuna o tenemos derecho a rechazar una y solicitar otra?

Me sorprende que ninguna asociación de consumidores, o de pacientes, etc, no haya planteado esta posibilidad. También me pregunto qué diría la Justicia si un ciudadano acudiera para plantear que ha rechazado vacunarse con la Astrazeneca y se le ha negado cualquiera de las otras vacunas.

Ya digo que seguramente las autoridades sanitarias tienen razón en que son más los beneficios que los riesgos de la vacuna de Astrazeneca, pero insisto en los de "seguramente" por la sencilla razón de que no ha pasado tiempo suficiente para contrastar todas las bondades, y también los defectos, de esta vacuna o de las otras. Pero en cualquier caso un ciudadano que quiere vacunarse no debería ser castigado a no recibir ninguna otra vacuna si se niega a que le inyecten la de Astrazeneca.