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Francisco Muro de Íscar

MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


De madre a madrastra

16/08/2021

Hubo un tiempo en que España era la madre patria para todas las naciones hispanas. En algún momento quiso ser hermana, primando la solidaridad y el trabajo en equipo sobre otras cosas, pero lo intentó con poco esfuerzo. Y en los últimos tiempos, en algunos países, España ha pasado de madre a madrastra. Los lazos históricos que nos unen -la historia, la cultura, el segundo idioma del mundo, el afecto, la hermandad, incluso la fe- se han deteriorado gravemente, en parte por la propia desafección de los últimos Gobiernos, no solo éste, como por la aparición en esas tierras de líderes populistas que tratan de afianzar su poder reescribiendo la historia y desafiando a "la madre". Y el aplauso de la izquierda española a dictaduras que violan permanentemente los derechos humanos es simplemente escandaloso. Como en tiempos de Franco, también en Hispanoamérica algunos viven mejor "contra España" que atendiendo a sus problemas. Pero no cabe duda de que algo hemos hecho mal y que ahora lo estamos haciendo peor.

Si no sabemos ni somos capaces de llevar una visión de la España real a Cataluña ni de desmontar las mentiras y falsedades que se inventan y cuentan los nacionalistas, ¿cómo vamos a pretender hacerlo en las naciones hispanas del otro lado del Atlántico? Nuestra política exterior prácticamente es irrelevante en el siglo XXI. No es culpa de la exministra González Laya, aunque haya cometido graves errores especialmente con Marruecos, o no sólo de ella. Somos irrelevantes en Europa, estamos voluntariamente ausentes de Hispanoamérica, nos tratan como un país tercermundista en Estados Unidos, nos utilizan cuando les interesa en el norte de África para sus intereses internos y dejamos tirados y en riesgo de ser asesinados a nuestros cooperadores como ha sucedido en Afganistán. Si el actual Gobierno español está tratando de reinventar la historia reciente y propone una ley de memoria histórica que es intencionadamente parcial y sectaria, ¿cómo nos va a extrañar que los López Obrador, Maduro, Castillo, Ortega y otros populistas que están llevando a sus países al desastre reescriban la historia y culpen a España de todos sus males, sin reconocer ningún acierto, después de doscientos años de independencia y responsabilidad de sus destinos?

Ahora, con la conmemoración del 500 aniversario de la conquista de Tenochtitlan por Hernán Cortés, los ataques del presidente mexicano no van sólo contra aquella conquista y creación de las raíces de la América de hoy, con universidades creadas por los españoles, con un mestizaje que no se ha dado en las conquistas de británicos, norteamericanos o de otros países, sino contra la España actual y su Rey. El revisionismo de la historia pasada con criterios actuales -no interesa conocer lo que pasó, sino el uso y abuso con fines de legitimación y manipulación política, como ha dicho el historiador Enrique Krauze- es una manera de falsear la verdad. Perú, Venezuela, Nicaragua, México y algunos otros países hispanoamericanos tienen una democracia de baja calidad, con violación de derechos, graves desigualdades, libertades amenazadas y unas economías destrozadas por los nacionales y no por ningún español.

Pero algo habrá que hacer en Hispanoamérica -también en Cataluña- para paliar la ausencia del Estado y contar nuestra parte de la verdad histórica. Tenemos instrumentos, pero falta voluntad política. Los grandes conquistadores españoles, grandes, cometieron errores, ultrajes y vejaciones. No más que los que habían cometido quienes les combatían. Y no más que los cometidos en cualquier guerra no de hace quinientos años, sino en pleno siglo XX o los que siguen realizándose hoy, con el silencio de la comunidad internacional, en Siria o Afganistán. La guerra saca lo peor de la humanidad. Hemos dilapidado un gran capital y una hermandad muy poderosa. Teníamos el prestigio de la Corona, encuentros y cumbres para trabajar juntos, tenemos los institutos Cervantes, embajadas y oficinas comerciales. Hemos dejado el campo libre. ¿Hacemos algo o seguimos como siempre?