RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Lecciones

02/10/2020

Sigo pensando que la principal diferencia entre cómo se ha gestionado la pandemia en las potencias asiáticas y en las occidentales no radica en su sistema social, ni en su sistema político, ni en sus características individuales, sino en la dimensión que le han dado al problema. No en 2020, cuando ya era demasiado tarde, sino en los últimos diez años, cuando empezaron a construir su capacidad y su sistema de reacción ante una epidemia. Reaccionaron al verle las orejas al lobo con el SARS o el MERS. Aprendieron del susto, como aprendemos los humanos.
Dicho esto, estoy convencido de que hay otros hechos diferenciales. Por ejemplo, la preparación de sus elites, sobre todo las políticas. Se trata, en realidad, de algo que ellos aprendieron en su día de nosotros. Y que nosotros, posteriormente, acabamos olvidando. La mayoría de las potencias asiáticas empezaron a dejar las decisiones importantes en manos de los más capaces, a colocar a los mejores al frente, tras entender los buenos resultados que esta idea había dado en Occidente, en procesos como la Revolución Meiji japonesa.
Esta idea se ha interiorizado y reforzado mucho en las últimas décadas, de modo que hoy las elites asiáticas están entre las más formadas del mundo. Por decirlo de otra manera: es impensable que Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez hubiesen ocupado algún cargo relevante en China o en Corea del Sur. Sin expedientes académicos apabullantes ni siquiera entras en las universidades que dan acceso al poder. Y la competencia es realmente feroz, ya que se trata de países obsesionados con la educación hasta tal punto que la selectividad es un asunto de estado. En Seúl incluso se cierra el espacio aéreo para no molestar el descanso de los adolescentes el día antes. Y en China los temas del examen son la primera página de todos los periódicos al día siguiente. Ser gobernado por los mejores de la clase tiene algunos inconvenientes. Pero pocos.