CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Flor de Pascua

30/12/2019

Nos dicen los papeles que la Flor de Pascua es la flor de la Esperanza y la flor de la Alegría, en ese deseo de que el nacimiento de Dios (según las Sagradas Escrituras) reencuentre a todos en la llegada de un mundo mejor; pero también nos dicen que es la Flor de la Sangre por el sufrimiento de un mundo hostil y mísero necesitado de Amor. Nos encontramos ese contrasentido que se da en la vida misma de un mundo globalizado y carente de sentimientos.
Este pequeño árbol o arbusto caducifolio y poco ramificado, se ha puesto de moda como la flor de la Nochebuena, o la flor de Navidad. Es una flor femenina sin pétalos ni sépalos y con dos senos laterales profundos limitados por crestas. Sin embargo está rodeada por flores masculinas individuales contenidas en una estructura denominada ciato exclusiva de ese género de nombre Euphorbia. Y es curioso, sin duda. Porque en este siglo, tal vez llamado el siglo de las mujeres, por eso de significar la lucha por la igualdad, o la búsqueda de la serenidad entre tanta violencia de género, esta flor tiene algo más de sentido. Primero, por ser una flor femenina -en su honor- y segundo porque está rodeada de flores masculinas y eso es la marca «machista» de una sociedad estigmada por el egoísmo y la incomprensión.
Florece en invierno y lo hace en el hemisferio norte -de noviembre a febrero- y es esencial que no reciba luz durante doce horas, aproximadamente desde octubre hasta Navidad para que así pueda florecer.
Es una flor de ascendencia latina, de aquella América descubierta por los españoles, pero sorprendente en cada una de las riquezas que sus propias y grandes culturas demostraron. Saber que esta flor era muy conocida por los méxicas y aztecas, llamada nahuatl o flor que se marchita, dada a conocer en el Virreinato de la Nueva España, allá por el año 1678 en que los españoles la traerían a Europa. Es conocida como pastora en Nicaragua, cardenal en Perú, estrella federal en Argentina o papagayo en Venezuela y nos ofrece ese deseo de confirmar paz y bondad entre los hombres, esperanza e ilusión entre las mujeres, realidad y belleza entre todos.
Por eso, en esta vida llena de demasiada frustración, cuidar y mantener una Flor de Pascua es objetivo de todos, o así debería de ser, y debemos aplicarle un producto cicatrizante, ubicarla en un lugar fresco e iluminado y regarla con normalidad. Ahí puede y debe de estar la clave; pues, amigos, cuidemos nuestra flor de pascua y así afrontaremos una nueva sociedad logrando quitar mezquinos y verrugas, características medicinales de esta flor y características físicas muy comunes en nuestro entorno.
Atendamos a esos beneficios medicinales que ofrece y en este caso, a las hemorragias vaginales, o su uso como anticonceptivo, en la amenorrea o retraso de la menstruación, o esa virtud de ayudar a la secreción de leche en las mujeres embarazadas, y si fueran pocas estas virtudes, atendamos a estas otras, tales como ese uso depilatorio, o la preparación de cataplasmas en el uso de verrugas, erisipela, fuegos en la boca, llagas e infecciones cutáneas, heridas, y «malos vientos políticos» y no dejemos de lado, su uso en las posibles hinchazones de picadura de gusanos, etc.