LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


¿Vas a crear una moneda? ¡Venga ya!

La libertad de nuestros países permite hacer lo que usted quiera. Puede usted vivir en verano en La Mancha sin tener aire acondicionado, cambiarse de sexo las veces que le lleguen los ahorros, apuntarse a una peña del atlético de Bilbao, comprar un billete y viajar al polo norte… Todo está permitido. Por supuesto que puede insultar al prójimo en las redes sin consecuencias previsibles y si su objetivo es un político, incluso será aplaudido. Y sí: puede usted crear un partido, un sindicato e incluso una asociación religiosa que dé lugar a una confesión que termine diciendo que usted es el profeta salvador del mundo. Pero amigo, no se le ocurra tocarle las narices a los dueños del tinglado: nada de fundar un banco o emitir un medio de pago. Faltaría más que les moviéramos el cimiento base de todo esto. Lo han intentado tres o cuatro personas que no son, ni mucho menos, mindundis (dos de los cinco hombres más ricos de mundo, para hacerse aún más) y han fracasado con estrépito de crítica y público. El último esta semana, y eso que es el dueño de nuestros datos y gustos. No me entiendan mal: seré iconoclasta pero no un peligroso revolucionario. Prefiero a veces, aunque no siempre, que las decisiones económicas las tomen los de arriba antes que lo haga algún perturbado por muchos votos que tenga, o una vicepresidenta del Gobierno que reescriba nuestras vidas. Ahora bien, tiene gracia que las cosas del dinero terminen siempre fuera del control de la decisión de la mayoría, mientras que los gobernantes de turno sí pueden disponer de las cosas más trascendentales de nuestra existencia: salud, decirnos dónde y cómo educar a nuestros hijos, autorizarnos el pensamiento con su aparato de medios, etc. En este tema de la intangibilidad de la moneda, los bancos y su régimen de funcionamiento, se muestra mejor que en ningún otro el fin de las ideologías. Puedes estar en el medio oeste de los Estados Unidos bajo el gobierno federal y estatal de los ultraconservadores, o en la Lhasa ocupada por el comunismo chino: el dinero no se toca. La venta para todos nosotros (los consumidores/votantes/ciudadanos) es, y algo de cierto hay en ello, la seguridad jurídica. Yo como usted, tampoco me fio de comprar bitcoins, o pseudolibras, pero no deja de ser igual de inquietante poner en manos de estructuras económicas paralelas de control difuso, los rasgos básicos de nuestros ahorros, tipos de interés o deuda pública. Y lo peor de todo es que no se lleva a término un control absoluto de eso por parte de estos poderosos, pues se tolera a los políticos una intervención adicional, especialmente en las políticas de impuestos y gastos, que pueden tirar por tierra la oportunidad esa que nos venden de mantener unos criterios serios de estabilidad desde la profesionalidad de los que nos manejan. No lo duden: cada día somos más unidades dentro de categorías de personas receptoras de ofertas de productos. Nos clasifican como sujetos consumidores para definir sus nichos de mercado para lo cual les viene muy bien que estemos dentro de un gran conjunto por nuestra supuesta ideología, nuestro sexo, nuestra edad, nuestros gustos, etc.