Los matrimonios católicos se desploman un 70% en 20 años

Leo Cortijo
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Los enlaces bajo la fe cristiana pasan de representar el 87 por ciento del total provincial al 40 en tan solo dos décadas, y es que en 2012 se invirtió una tendencia que ahora refleja que seis de cada 10 bodas son civiles

Los matrimonios católicos se desploman un 70% en 20 años - Foto: Jesús J. Matías

Ella, de blanco inmaculado. Él, con un impecable chaqué negro. Y ambos en al altar, frente al sacerdote y bajo la atenta mirada de Dios para recibir el sacramento del matrimonio. Lo que hace no tantos años era la forma mayoritaria y socialmente más aceptada con la que una pareja unía sus destinos, de un tiempo a esta parte se ha convertido en una imagen cada vez más inusual. Los datos hablan por sí solos. La caída de los enlaces religiosos es el indicador más claro de una tendencia que comenzó hace tiempo, pero que ahora se manifiesta con mayor intensidad.

Según los datos que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2018 se celebraron en territorio conquense 549 enlaces matrimoniales. De ellos, algo más de seis de cada diez fueron bodas civiles y, por el contrario, el 39,8 por ciento fueron católicas. La tendencia se ha invertido por completo durante las últimas dos décadas. 2018 es el último eslabón de una cadena que ejemplifica a la perfección cómo la secularización le ha ido ganando terreno paulatinamente a la celebración eclesiástica.

En el año 1998, los conquenses se casaban –de la manera que fuera– mucho más que ahora. Pero esa no es la única ni principal conclusión. La diferencia más notable a través del salto temporal es que entonces los matrimonios bajo la fe cristiana suponían el 87 por ciento del total, dejando en un testimonial 13 por ciento las bodas laicas. De esta forma, hace 20 años se celebraron en Cuenca 828 enlaces, 721 católicos y 107 civiles. La conclusión es muy sencilla: los primeros han disminuido un 70 por ciento, mientras que los segundos se han triplicado.

Un lustro después, es decir, hace 15 años, ya en los albores del Siglo XXI, la enorme mayoría la seguían atesorando las bodas católicas, aunque el margen comenzaba a reducirse. En 2003, de los 752 casamientos que tuvieron lugar en la provincia, 595 fueron católicos y 157 civiles. Es decir, un 79 por ciento para los primeros y un 21 por ciento para los segundos. Hace una década, en 2008, la diferencia continuó disminuyendo: los matrimonios católicos veían cómo los civiles les seguían ganando terreno, pues ya solo superaban el 72 por ciento, mientras que los otros crecían por encima del 27 por ciento. 

2012 fue el año que marcó el punto de inflexión. Las fuerzas en la línea de progresión se equipararon al máximo y, por primera vez, se pudo hablar de un empate técnico entre matrimonios católicos (307) y civiles (301). Un antes y un después en el estudio de esta variable, pues a partir de entonces –aunque cada año con diferente margen–, los enlaces no sujetos a una confesión religiosa han sido mayoritarios en la provincia de Cuenca.

Comparativa regional. Lo que ocurre en territorio conquense no es una excepción a nivel nacional ni tampoco regional. Ahora bien, a juzgar por las cifras que recoge el INE, Cuenca es junto a Ciudad Real la provincia de Castilla-La Mancha en la que menor incidencia tuvieron los matrimonios civiles durante 2018, el último año del que se tienen estadísticas. De los 1.643 que se celebraron en territorio ciudadrealeño, el 59 por ciento no fueron católicos. Hay que recordar que en Cuenca supusieron el 60 por ciento. A estas dos provincias les siguen, con porcentajes muy similares, Toledo (65%) y Albacete (67%). La demarcación castellano-manchega donde mayor porcentaje de bodas civiles se produjeron el año pasado fue en Guadalajara, con el 77 por ciento. Es decir, 750 de las 973 que se celebraron en total.

Asimismo, también podemos tener en cuenta que el mes preferido por los conquenses para casarse –al menos en lo que respecta a 2018– es junio. Durante el sexto mes del año pasado contrajeron matrimonio 86 parejas. Le siguieron agosto (77), septiembre (73), octubre (66) y julio (65). Junio fue, además, el mes en el que más enlaces civiles se llevaron a buen puerto (51), mientras que agosto (43) fue la mensualidad en la que más bodas católicas se oficiaron.

Personas del mismo sexo. A lo largo de 2017 se celebraron en la provincia de Cuenca una decena de enlaces matrimoniales entre personas del mismo sexo. Según las cifras que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE), durante ese año –último del que se tiene constancia– se llevaron a cabo cuatro bodas entre parejas de hombres y una entre mujeres. Visto en perspectiva, esa cantidad supone multiplicar por diez lo que ocurrió una década antes, en 2007, cuando solo se celebró un casamiento entre personas homosexuales. A excepción de 2016, cuando solo hubo una boda, la tendencia en los últimos años es al alza: cinco en 2012 y 2014; cuatro en 2013 y nueve en 2015.

 

«No es que los jóvenes no se quieran casar por la Iglesia, es que sencillamente no se quieren casar»

La sociedad ha experimentando un paulatino proceso de secularización. El día a día de los conquenses ha dejado de estar impregnado por una serie de creencias y costumbres religiosas. En este sentido, los responsables de la delegación diocesana de Familia y Vida, José María Alcalde y Yolanda Calonge, consideran que la consolidación del Estado del Bienestar, «teniendo cubiertas todas nuestras necesidades, ha provocado que la dimensión espiritual de las personas –creencias religiosas y valores éticos y morales– haya quedado relegada a un segundo plano».

Ahí estriba, en su opinión, la principal explicación a la tendencia de que cada vez haya más matrimonios civiles y menos católicos. «No es que los jóvenes no se quieran casar por la Iglesia, es que sencillamente no se quieren casar», resaltan, y es que «hay un cierto miedo y menos capacidad al compromiso para toda la vida, aunque este compromiso sea la mejor manera de decir ‘te quiero’ a la persona con la que queremos compartir un proyecto de vida en común».

Alcalde y Calonge señalan que desde la Iglesia «algo no estamos haciendo bien a la hora de dar a conocer la bondad del matrimonio católico, especialmente entre los jóvenes bautizados», y eso les anima a ponerse «manos a la obra». Con todo, «lo verdaderamente importante no son las cifras sino que las parejas que lleguen a casarse por la Iglesia lo hagan realmente convencidas». Desde esta delegación diocesana se trabaja en potenciar el acompañamiento de las parejas desde sus inicios hasta que llega el momento de casarse.

«Está claro que hay que renovar métodos, estructuras y adaptarse a los nuevos tiempos, a los nuevos desafíos, a las nuevas necesidades, y esto no está reñido con presentar fielmente la doctrina de la Iglesia católica». Y, por ello, «no podemos perder la esperanza, debemos ser optimistas y creer en las personas».