¡Qué vivan los novios!

Leo Cortijo
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Cuando una pareja plantea casarse tiene que elegir el tipo de unión que quiere, en la mayoría de casos, católica o civil, y ahí es donde afloran las convicciones de cada uno

Elena Cuesta y José Sanz

Después de un tiempo conociéndose y, en un amplio porcentaje de casos, después de haber convivido, muchas parejas dan un paso al frente y optan por casarse. En ese momento hay que dirimir el tipo de ceremonia que ambos desean para un hito tan trascendental. Una dicotomía fundamental: matrimonio católico por la Iglesia o civil por el juzgado. En ambos casos el objetivo final es el mismo, no hay apenas variaciones. Ahora bien, los trámites y lo que implican cada una de estas uniones sí presentan diferencias.

José y Elena, Carlos y Natalia y Víctor y Gema son tres jóvenes matrimonios que recorrieron ese camino no hace mucho tiempo. Estas tres parejas formalizaron «todavía más» su unión en el último año y medio y los seis rondan la treintena. Las dos primeras parejas eligieron la vía católica, mientras que la tercera lo hizo a través del método civil. Visiones contrapuestas pero con un común denominador, y es que todos eligieron su destino apoyados en unas firmes convicciones. Y ahí radica el pilar fundamental del castillo que juntos han construido.

 

Natalia Moreno y Carlos PinarNatalia Moreno y Carlos Pinar

Elena Cuesta y José Sanz | matrimonio católico

José se lo pidió a Elena por un «cúmulo de circunstancias», pero especialmente por «amor». Atesoraban seis años de noviazgo y la relación y la convivencia funcionaban. Además, entonces vivían solos en Madrid y necesitaban «ese punto legal» que les diera «asistencia» si a uno de los dos le pasaba algo. En este sentido, el que ella sufriera un accidente «reforzó todavía más» la decisión que habían tomado. Un camino que pasaba, sí o sí, por la Iglesia, pues ambos lo tenían muy claro: «Somos creyentes», aunque José apostilla al respecto que no es practicante. «Alguien podrá pensar que no tiene mucho sentido casarse por la Iglesia si no predicas con el ejemplo, pero por el ambiente en el que me he criado y la forma que tengo de entender las cosas, para mí, es imprescindible la unión mediante un matrimonio católico». Este forma de asimilarlo asienta sus cimientos en que casarse por la Iglesia, «además de formalizar la relación, implica un ámbito más espiritual». Elena, que asiente con la cabeza, añade además que «esto es algo que nunca me he cuestionado..., nunca he puesto en duda mi fe». Este matrimonio es consciente de que, «al final», lo que prevalece ante la ley es el documento que acredita «nuestra unión», pero «a nivel religioso hay un ámbito más trascendental».

Víctor Simarro y Gema Valeriano | matrimonio civil

Víctor Simarro y Gema ValerianoVíctor Simarro y Gema Valeriano

Víctor y Gema se casaron hace menos de seis meses, pero su unión es mucho más longeva en el tiempo, pues llevan juntos «media vida». Después de 14 años de noviazgo –cuatro de ellos conviviendo– decidieron dar el paso a instancias de ella, a través de una firme decisión para «formalizar» todavía más la relación y teniendo ambos «muy claro» que la unión debía materializarse de forma civil, «ya que ni uno ni otro somos creyentes ni practicantes». A ese principio fundamental se unió otro aspecto no menos importante, y es que consideraron además que «no era lógico ni moral casarnos por la Iglesia ya que sería una falta de respeto hacia los que realmente son creyentes». Por esa razón, apuntan, «dejamos a un lado la corriente más conservadora en muchos casos, que es casarse por la Iglesia por mera tradición, aunque no tengas esa creencia». El pasado 14 de junio celebraron la ceremonia civil y formalizaron su unión de una manera «estándar», en régimen de gananciales. «Ni nos informamos especialmente ni en el Ayuntamiento nos dijeron nada... Ésta era la forma más habitual, si quieres algo distinto tienes que ir al notario y comunicarlo», destacan. Después de ese acto formal y «más íntimo», al día siguiente, celebraron una «gran fiesta» rodeados de quien realmente querían.

Natalia Moreno y Carlos Pinar | matrimonio católico

Hace apenas cinco meses, un «sí, quiero» supuso un antes y un después en las vidas de Carlos y Natalia. Después de 11 años de noviazgo, la pareja entendió que «ya era hora» de dar el paso. Un paso que suponía «un salto importante», pero que daban «preparados» y «convencidos», pues se conocían «muy bien» y sabían que era lo que querían. Tanto él como ella tenían claro –«desde el principio»– que se casarían por la Iglesia y así fue. «No hubo que hablar nada al respecto», destaca Natalia. Eso sí, se informaron de los diferentes tipos de unión matrimonial que existen, así como de los derechos y obligaciones que unos y otros suponen. Pero, en este sentido, «cuando mejor nos aclararon todo fue en los cursillos prematrimoniales». Como era su deseo, eligieron el matrimonio católico por su convicción religiosa: «Ambos somos católicos, tenemos fe y queríamos recibir la bendición y el sacramento del matrimonio». Además, ansiaban iniciar «una familia según la fe desde el primer momento». Sin embargo, ni Carlos ni Natalia son ajenos a la corriente predominante de los últimos años. Una tendencia que ellos achacan a que «cada vez hay más gente que no cree en la figura de aquellos que representan a la Iglesia para que les concedan la bendición del matrimonio».