LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


El poder a cualquier precio

Una de las virtudes que debe adornar al político es la de asumir cierta ambición, trabajando para conseguir y mantener el poder como medio de llevar a término las ideas. El problema para la sociedad y para sus compañeros es cuando se persigue a toda costa y pasando por las cabezas de propios y ajenos. Es lo que sucede en Castilla-La Mancha desde décadas atrás con Pastelerías Page (Casa Fundada en 1983 por su ‘padre’, D. José Bono Martínez). El titular actual del negocio nos ha recordado tras su mayoría absoluta regional que está dispuesto a dominar todo el mercado de la confitería, continuando su carrera nacional aunque para ello tenga que cargarse a todos. Por ejemplo, en mi ciudad, Ciudad Real, ha sacrificado a su alcaldesa, con 10 concejales, para que dentro de dos años deje el sillón a la que se presentaba por Ciudadanos, que obtuvo solo tres concejales y que ni por asomo quería otra cosa que ser teniente de alcalde, y que ahora va a recibir estopa de la gente. Los del PSOE local están estupefactos, y los de Cs tres cuartos de lo propio. Desde luego, que en general ha dejado con la boca abierta a todo el cuerpo electoral que entendía la alcaldía como algo más serio y estable. Da lo mismo: el caso era marcar el territorio para transmitir, también al PSOE nacional, quien es aquí el macho alfa. Particularmente no me resulta penoso que el PP no gobierne en Ciudad Real, pues al fin de al cabo tenía un concejal menos que el PSOE: lo que me molesta es que nuevamente Castilla-La Mancha sea la moneda de cambio de experimentos e intercambios que no se producen en el resto de España. ¿Por qué Ciudadanos no ha pactado aquí con el PP? Pues porque Pastelerías Page tenía ya todo atado desde tiempo atrás, con la connivencia del inquieto y nervioso Rivera, que incluso le regaló esos cambios de última hora en los líderes regionales para que inclinaran la cerviz ante el amo local. Page se vende como la derecha de la izquierda, como siempre hizo el padre fundador, Bono; y Rivera que es un carca de tomo y lomo, tiene la excusa de decir que es centrista pues pacta con el PSOE allí donde tienen una pastelería de apariencia socialdemócrata. Castilla-La Mancha ofrece además la cobertura de poderes económicos propensos a este merengue que ponen la ropa de cama y los medios al efecto. Esto de tratarnos como campo de pruebas y objeto excepcional de mercadeo no es nuevo ni depende siempre de colores políticos: lo que han hecho ahora Rivera y Pastelerías Page ya lo hizo en 2003 y 2004 D. José María Aznar López, con el padre fundador Bono «yo te pongo el PP de Castilla La Mancha como sparring y tú le sigues tocando la manga pastelera a un líder poco consolidado (entonces era ZP). Tú ganas las autonómicas de calle y me dejas a mi ganar las siguientes Generales». Hoy Rivera saca lustre por la izquierda a un Cs conservador y Page avisa de que está dispuesto a ser ese gran líder que en el futuro pacte en Madrid con la nueva derecha. Los flecos de la operación los ejecutan otros: entonces, como hoy, dejaron de llegar sospechosamente los envíos de papeletas, se perdían carteles o aparecían en catalán, los asesores administraban consignas (es el PP que no quiere pactar)… .  Lástima que seamos en 2019, de nuevo, una cobaya de los experimentos ajenos sin más beneficio que el que se lleven los ejecutores de la operación.