NUEVO SURCO

Javier López


Territorio de excepción

Los resultados del intenso ciclo electoral vividos en los últimos meses ya han dado los primero frutos a nivel municipal, y los seguirán dando en los próximos días en las autonomías, aunque la  investidura monclovita o nacional se hace esperar y no se descartan nuevas elecciones generales en pleno otoño que terminen por hundir el tinglado fallido de la nueva política y reforzando el revivido bipartidismo. Hay encuestas que ya lo señalan. La tendencia está clara: los españoles dan cada día más la espalda a los nuevos partidos por viejunos y cicateros. Se meten en el chiringuito que vinieron a criticar, y ni siquiera se molestan en  cambiar las cortinas de la cocina.
Mientras tanto, Castilla-La Mancha se erige ya, calmadas las llamas que nos han asolado en Toledo durante los últimos días con una labor encomiable de bomberos, ejército y Protección Civil, como auténtico territorio de excepción en la gresca política nacional. Aquí el presidente es investido a la primera y sin pactos. Este martes y miércoles, debate en Cortes Regionales, y el sábado toma de posesión por todo lo alto en el Palacio de Fuensalida. En la primera sesión de los debates, ha quedado claro como es el tablero y de qué manera están dispuestas las fichas, por más que Ciudadanos se empeñe en marcar perfil propio con el anuncio de un voto en negativo a la investidura de Emiliano-García Page.
Gobierno del PSOE en solitario, y García-Page convertido en barón indiscutible del socialismo español, si tomamos la baronía, tanto en el PSOE como en el PP, como una plaza conquistada en las urnas contra viento y marea, contra propios y extraños, con una legitimidad que sobrepasa el marco del partido en cuestión.  Al margen de todo quedan ya las malas relaciones con Pedro Sánchez porque la fuerza de los votos castellano-manchegos se lo permiten. La mala química con el sanchismo se tendrá que sustanciar de poder a poder, sin grandes sumisiones. A la vuelta del verano comenzaremos a tomar nota con dos asuntos vitales y candentes: la financiación autonómica, que va camino de convertirse en la más vieja asignatura pendiente de todas las administraciones públicas españolas, y el agua, el del Tajo, que sigue siendo esquilmada a pesar de las sentencias del Supremo que ponen en estado de dudosa legalidad el gran expolio hídrico.
Seguiremos desde ahora el curso de cuatro años, que serán los del segundo mandato de Emiliano-García Page, la segunda parte de su partido, pero esta vez con un Podemos desactivado, o en estado de disolución, como él mismo dice, y con un Ciudadanos que en CLM carece de aristas importantes tras el acuerdo alcanzado con el PSOE en diputaciones y ayuntamientos. Carmen Picazo será la cabeza visible de la formación naranja  en el convento de San Gil, pero esta mujer todavía tiene que recorrer un gran trecho si quiere hacerse notar en Castilla-La Mancha y no ser engullida, como Podemos, en la próxima cita electoral. De Podemos no habrá ni rastro, y José García Molina será ya una anécdota sin gran importancia en nuestra particular historia castellano-manchega. Atrás quedará su zigzagueo y sus astucias, su forma de tratar a propios y extraños,  ese tándem imposible con David Llorente, en plan podemita auténtico, y las intrigas garcíamolinescas por acrecentar poderes e influencias en el fragor de la moqueta.
Quedará el PP como única opción clara en el lado de la oposición, pero un PP achicharrado y en ruina, con un Paco Núnez intentando hacerse con un sitio pero sin levantar ni de lejos las entusiastas unanimidades entre los suyos que en sus días más gloriosos consiguió María Dolores Cospedal. Núñez es un líder discutido y discutible al que solamente una buena racha le podría salvar de la quema, pero no hay cita con las urnas hasta dentro de cuatro años y la travesía del desierto será larga y puede estar plagada de trampas y sequedades para el de Albacete.
Estos son los mimbres con los que desde esta misma semana Castilla-La Mancha se constituye como territorio de excepción en la España de la fragmentación política.  Tendremos un presidente aupado por una mayoría aplastante, y un único partido como referente de la oposición. Lo demás, no deja de ser una anécdota en nuestra tierra, que cabalga subida a lomos de su excepcionalidad.