De hijo de panadero a estrella mundial

Magdalena Tsanis (EFE)
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El mundo de la lírica rinde homenaje a Pavarotti con un documental sobre su figura a través de sus momentos más significativos

El cantante italiano Luciano Pavarotti falleció en 2007. - Foto: Luz Serrano

Una estrella planetaria que nunca dejó de ser el hijo de un panadero de Módena, un tenor que llenó estadios, un hombre apasionado, con luces y algunas sombras que sedujo al mundo con su voz única. Así era Pavarotti según el documental de Ron Howard que ayer presentó en Madrid su viuda, Nicoletta Mantovani.
Su sello discográfico, Decca Records, quería rendirle un homenaje en el décimo aniversario de su muerte y fichó al oscarizado director de Una mente maravillosa, que venía de explorar la carrera de los Beatles (Beatles: Eight days a week, 2016) y de Jay-Z (Made in America, 2013) en sendos documentales.
«Nos pareció que Howard era la persona apropiada, porque su manera de narrar y su espíritu amable están muy cerca del de Luciano», describe Mantovani, segunda esposa del tenor cuyo romance acaparó portadas y revuelo en sus comienzos, dada la diferencia de edad -tenía 34 años menos- y el conservadurismo del entorno del tenor.
«El inicio fue digamos fuerte, pero Luciano lo hacía todo más sencillo, con una actitud de distancia para despegar la rabia y las emociones negativas», afirma la viuda, hoy al frente de la fundación que preserva su legado.
Además de su testimonio y de facilitar el acceso a otras figuras de la lírica como Plácido Domingo y José Carreras, con quienes Pavarotti protagonizó uno de los momentos cumbre de su carrera, Mantovani aporta al documental una serie de vídeos caseros que ofrecen una visión más íntima del cantante.
«¿Cómo te gustaría ser recordado profesionalmente?», le pregunta una voz en uno de esos vídeos. «Como un hombre que transmitió la ópera a la gente», responde el tenor en el arranque del documental. La siguiente pregunta es «¿Y como hombre?», y la respuesta se va dando a lo largo de la película.
Pavarotti, que llegará a las salas de cine españolas el próximo 10 de enero, se divide en tres actos, como una ópera. El primero se remonta a sus orígenes, hijo de un panadero de Módena, destinado a ser maestro, pero a quien su madre animó, después de ganar un concurso, a que se tomara su carrera en serio.
Debutó en 1961 con La Boheme de Puccini. Construyó su carrera poco a poco y alcanzó notoriedad en sus duetos con la soprano Joan Sutherland, que también habla en el documental sobre la relación extraprofesional que mantuvieron siendo él un hombre casado.
En los 70, Pavarotti ya era una estrella, el rey de los do de pecho y en los 80, el cantante mejor pagado de la historia de la ópera. Su primera esposa, Adua Veroni, y sus tres primeras hijas -Cristina, Giuliana y Lorenza- cuentan cómo vivieron toda esa época.
El segundo acto se ciñe a la era de Los tres tenores, una idea de Pavarotti y Domingo para ayudar a Carreras a volver a los escenarios después del parón al que le obligó la leucemia. La época en la que la ópera llenó por primera vez grandes estadios y convirtió a los tenores en estrellas del rock la cuentan los managers y promotores que idearon el plan.
La tercera etapa es la de Pavarotti and friends, cuando el cantante se dedicó a recaudar fondos para causas benéficas en conciertos de la mano de artistas de todo tipo, desde Sting a Elton John.
Howard retrata a Pavarotti como un hombre lleno de vitalidad, con una generosidad y calidez que se transmitían en su voz, un hombre dispuesto a exprimir la vida al máximo tras una infancia marcada por la Segunda Guerra Mundial.