ESCAÑO CERO

Julia Navarro

Periodista y escritora


Desolación

"Me importa un comino la gobernabilidad de España", ha dejado dicho en la tribuna del Congreso la diputada de Ezquerra Monserrat Bassa. Y esto no es lo peor de lo que hemos escuchado y visto en los últimos días desde que se inició la sesión de investidura de Pedro Sánchez hasta el martes 8 en que se ha llevado a cabo la votación definitiva.

En algunos momentos he llegado a pensar que estaba dentro de una pesadilla en la que los dirigentes políticos de hoy nos habían metido en la maquina del tiempo para llevarnos al pasado.

Porque desgraciadamente, e insisto en lo de desgraciadamente, los discursos y declaraciones que hemos venido escuchando tanto de los dirigentes de derechas, como de los de izquierda, y por supuesto de los representantes de grupos nacionalistas e independentistas, han sido discursos rancios, discursos que hubieran tenido sentido en la España predemocrática, o en los albores de la Transición, pero que no se corresponden con la realidad de la España de hoy, de la sociedad del año 2020.

Pretender como pretenden los líderes políticos que mandan hoy y ahora que no llevamos cuarenta años viviendo en un Estado democrático con todas las libertades y derechos garantizados, es una burda maniobra con la que demuestran un enorme desprecio hacia la inteligencia de los ciudadanos.

No sé si es que añoran ese pasado nefasto o es que son realmente unos desaprensivos que están construyendo un relato mentiroso para justificar unos objetivos políticos.

Escuchar a los representantes de la izquierda defender valores "identitarios", es para echarse a llorar. Pero escuchar los discursos histriónicos de los representantes de la derecha supone continuar el llanto. Pero ¿en qué sociedad viven los unos y los otros? Es como si vivieran en Marte y desconocieran la realidad de la sociedad española.

Lo más grave es que los dirigentes de izquierda y los de la derecha en el reguero que han dejado con sus discursos en el Parlamento han vuelto a dividir España en dos. Lo que se había cosido durante la Transición, ese pasado afortunadamente superado resulta que para ellos no ha sido superado y hay que volver a la casilla de salida.

Los representantes de Podemos vienen cuestionando la Transición a la que califican con desprecio como "régimen del 78" y por tanto hace de ella una enmienda a la totalidad. Es evidente que Podemos no es heredero de aquel PCE que hizo posible la Transición. En cuanto a los partidos nacionalistas que en su día fueron participes de la Transición y del Pacto constitucional, han decidido que aquello ya no les vale y vienen actuando con una deslealtad manifiesta. Pero lo peor de todo es que el PSOE, el partido que modernizó España, el partido en el que se veía reflejada la mayoría de la sociedad, y que fue clave en la puesta en marcha del edificio constitucional, ahora resulta que se alía con quienes quieren borrar todo lo que se logró y que ha servido para que viviéramos los últimos cuarenta años en democracia y con libertad.

En mi opinión es imperdonable lo que algunos políticos pretenden volviendo a dividir España en dos Españas.

Como resulta incomprensible que partidos que se dicen de izquierdas se hayan convertido en los perfectos compañeros de viaje del independentismo y nacionalismo más rancio e insolidario que pueda haber.

Aún no he logrado superar el asombro y la indignación que me ha producido escuchar los ataques gravísimos al Rey por parte de la representante de Bildu sin que tuvieran respuesta del Presidente del Gobierno. Ojo, me parece que la representante de Bildu está en su derecho a decir lo que crea conveniente, pero lo inconcebible es que el Presidente del Gobierno no respondiera a las afirmaciones de la señora Aizpurua, porque quien calla otorga. Por tanto el silencio de Pedro Sánchez se puede considerar como parte del precio a pagar por unos votos.

Menos mal que la ministra de Defensa Margarita Robles, durante la Pascua Militar, en el que creo que ha sido su mejor discurso como ministra, puso las cosas en su sitio defendiendo la España constitucional y al Rey.

Enrique IV pasó de ser protestante a católico diciendo aquello de que Paris bien vale una misa y Pedro Sánchez parece pensar que el Palacio de la Moncloa, es decir que él sea Presidente de Gobierno, bien vale el precio político que está dispuesto a pagar. Mientras se dedica a lancear a la derecha hace como que no escucha los despropósitos de los independentistas, el problema es que el resto de los ciudadanos sí les escuchamos.

En fin... el futuro no se presenta halagüeño.