LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


¿Y si Pedro desciende del Sinaí?

19/12/2019

Imagino a Pedro estos días subido al Sinaí esperando a que Puigdemont y Junqueras le dicten las tablas de la ley de su acuerdo de investidura. El pueblo ansioso espera su descenso mientras el líder se transverbera en la montaña de llamadas, mensajes, contactos y declaraciones que nublan nuestro conocimiento. La Sagrada Escritura dice que Moisés bajó del Sinaí y se encontró al pueblo adorando al becerro de oro. Por eso, queda una última jugada que pocos han visto antes de que la muchedumbre se postre ante Abascal.
Si algo enseña la Historia es que en ella están escritos los renglones más probables que ayuden a explicar, entender e incluso predecir acontecimientos presentes y futuros. También la historia más reciente y contemporánea. En este carajal en el que se ha convertido la política española, donde todo parece el Circo de Manolita Chen y cientos de malabaristas moviendo miles de platillos a la vez, existen constantes que permanecen en el tiempo y que nos dan pistas de por dónde pueden ir los tiros. Un buen matemático sabe que cualquier problema, por complicado que sea, requiere una reducción sistémica que lo haga asimilable. De ahí que las ecuaciones de tercer grado terminen siempre en una reducción simple. Hagamos lo propio.
Si algo nos ha enseñado Pedro en los cinco años que lleva en la primera fila de la vida política española es su capacidad para ganar y sobreponerse a las circunstancias, por más adversas que fueran. También ha demostrado astucia, sin duda, para blindarse ante los suyos. La última, con el enroque del abrazo a Iglesias. Su estrategia se demostró fallida, un error colosal, pues pensó librarse de grilletes con segundas elecciones y se encadenó más. De ahí, ese movimiento exprés. Para blindarse ante quienes ya la noche del domingo pedían su cabeza.
Pero también la Historia nos ha demostrado otras claves del personaje. No le importa mentir o incluso hacer el ridículo como en el caso del abrazo a Iglesias. Eso ya hemos dicho que consistía en un enroque de ajedrez. Hay quien dice entonces que la palabra de Pedro no vale nada y que es un psicópata, mentiroso, frío y altivo. Y puede que tengan razón, pero también hay un hombre que tiene principios. O, al menos, preferencias. Y las ha mostrado cuando más limpio y despejado ha tenido el camino. Por ejemplo, Pedro pudo ser presidente en verano y no quiso gobernar con Podemos. Porque quería su gobierno bonito en solitario tras la moción. Y eso que Esquerra, la cortejada ahora, se lo pedía con insistencia. Ahora los papeles cambian. Quienes callan son Podemos y los que gritan y chillan son los catalanes. El barullo en el Sinaí es insoportable. Pero, ¿y si Pedro se baja para mandar solo de nuevo?
Arrimadas se lo ha puesto fácil. Le ha tendido la mano desde abajo de la escalera. Inés es lista y sabe que la vedette principal debe bajar convenientemente arropada, aunque dejando que brille sola. Pedro puede decir que la situación es insoportable, que no puede tragar sables, sapos y culebras y que renuncia a su acuerdo con Podemos y la vía catalana. Que vuelven las noches de insomnio. Y que por eso, pide el apoyo de los constitucionalistas sin más. O terceras elecciones que nadie quiere. Él no, seguramente; pero Casado, menos. Otros comicios serían una máquina de triturar de Vox. De ahí su cara el otro día tras el encuentro, meditando la abstención. Solución de la ecuación o despeje de la incógnita: Pedro conseguiría un gobierno en solitario sin Podemos ni grilletes. Y a volar en el Falcon. Puede ser ensoñación o quimera, pero la tentación vive abajo.