Doble frente en las aulas

SPC
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Doble frente en las aulas

Con el término del curso escolar llegan los ansiados días de asueto, pero no acaban las demandas que algunos padres y alumnos plantean para reivindicar cuestiones que consideran prioritarias. Entre ellas, el fin del sexismo en los uniformes.

Poder elegir ir a clase con falda o pantalón es una antigua reivindicación de las alumnas que llevan uniforme al colegio y que aún no han visto resuelta, a pesar de que el Congreso aprobó hace un par de años una iniciativa pidiendo dar libertad sobre ello y autonomías como Galicia ya lo han establecido.
«Los uniformes no deben estar segregados por género ni que obligatoriamente se tenga que llevar falda o vestido por el hecho de ser niña». Así se refleja en la proposición no de ley aprobada por la Cámara Baja el 28 de septiembre de 2017 a iniciativa de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea (contó con los votos en contra del PP) y que argumentaba lo «incómodo» de jugar a determinados juegos llevando esa prenda corta y lo «fácil» que es que un niño levante la falda a una compañera cuando no ocurre lo mismo con quien lleva pantalón. El frío en invierno, sentirse observada o algún complejo físico son otras de las razones que hacen que una niña deseé no tener que usarla con el uniforme de la escuela.
El tema volvió a saltar de nuevo al candelero de la actualidad hace solo unos días, después de que en el colegio concertado madrileño Santa María de la Hispanidad más de 300 alumnos de Primaria, Secundaria y Bachillerato solicitaran al centro que las chicas pudieran ir con pantalón a clase. Pero no es una petición novedosa. 
Carmen y Sina, dos chicas canarias de 12 años, hace cuatro años se negaron a llevar falda al colegio y, con el apoyo de sus familias, lograron que en su escuela no se les impusiera un «uniforme sexista». Lo recuerdan ellas mismas ahora en la plataforma de peticiones Osoigo, donde el pasado abril lanzaron una recogida de firmas al considerar que «es urgente que desaparezcan las indumentarias escolares diferenciadas por sexo en los centros y que así se garantice la igualdad entre chicas y chicos».
«Hoy nos puedes ver jugar y estudiar en pantalones junto a muchas chicas de otros colegios que se animaron a hacer lo mismo. Sin embargo, todavía hay muchas niñas que no pueden, y eso es lo que queremos evitar. Sabemos que los estereotipos de género tienen repercusiones perjudiciales en nuestro día a día y en nuestras aspiraciones futuras», argumentan estas combativas alumnas.
El coordinador de Campañas de Osoigo, Xavier Murua, explica que esta plataforma ciudadana está abierta a «las respuestas de los partidos» y que mantienen contacto «con unos 600 políticos», por lo que esperan que la petición de Carmen y Sina tenga pronto «más de una respuesta».
«Queremos impulsar que la ley prohíba expresamente que los colegios puedan imponer uniformes sexistas», por lo que «pedimos a las políticas y políticos que cumplan el sueño de muchas niñas de este país y aprueben esta ley», concluyen estas alumnas en su solicitud. Una ilusión que tiene su equivalente en la plataforma Change.org, donde Rita, del colegio Pureza de María de Granada, también busca firmas desde el pasado mes de mayo para que «exista la posibilidad de elección entre falda o pantalón».
Los uniformes son más usuales en los colegios concertados y privados, aunque también existen algunos centros públicos donde se recomienda su uso. Es el caso del Gabriela Mistral de Madrid, donde además, se especifica en su web: «pantalón de pinzas gris oscuro para los niños y falda o pichi de cuadros para las niñas».
La presidenta de la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa), Leticia Cardenal, manifiesta su rechazo a «uniformar a los pequeños y pequeñas» y critica, asimismo, «el gasto que provoca la obligatoriedad de estas indumentarias a las familias».
Quienes ya han conseguido elegir entre falda y pantalón son las estudiantes gallegas, pues desde este curso se ha implantado esa posibilidad a través de un acuerdo parlamentario en su Comunidad.
Una opción con la que esperan contar por fin otras muchas alumnas, al igual que ha pasado con los años entre enfermeras, militares o azafatas.