TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Es urgente potenciar la democracia en España

Ahora que, indiscutiblemente, hemos entrado en una nueva era y que, también sin duda, ha estallado hecha pedazos la era del 78, me parece que va siendo urgente reflexionar acerca de en qué momento se encuentra la democracia española y cómo esta democracia ha de potenciarse a partir de la enorme crisis política que arrastramos desde hace cuatro años al menos. Y que está lejos de haber sido superada.

La puesta en marcha, esta semana que entra, de la vida parlamentaria ha de aprovecharse para potenciar, desde el Legislativo, proposiciones y proyectos de ley que signifiquen un avance de esta democracia, en tantos aspectos languideciente, como varada, como aturdida. Desgraciadamente, no parece que sea este un tema primordial para los españoles, pero analice usted algunos parámetros que nos ofrecen las encuestas -por ejemplo, el bajísimo índice de aceptación de nuestros políticos- y comprobará que más bien que desinterés lo que existe entre los españoles es una enorme desconfianza en sus representantes, lo que no se refiere solamente al Gobierno, sino también a toda esa clase política más empeñada en su supervivencia, y en la de sus respectivos partidos, que en el avance democrático de la nación.

Los casos de ocultación, dolo y falta de transparencia que hemos vivido en apenas estos días -por ejemplo, lo de las versiones de José Luis Abalos- certifican que esto no puede seguir así. Y conste que percibo, entre otros avances, el fin de la corrupción política sistematizada, al menos tal como ocurría en años pasados: puede que la corrupción meramente económica esté siendo sustituida por otra de ocupación del poder.

Por eso no podemos darnos por satisfechos; hay que devolver al ciudadano las herramientas para su propia gobernación, para la evaluación de lo que hacen y no hacen sus gobernantes y para poder expresar con toda libertad y facilidad lo que piensa de ellos. No creo que estas herramientas residan ni en el CIS ni en los medios públicos de comunicación. Ni, desde luego, en las ruedas de prensa del Consejo de Ministros.

Me parece cada día más necesario animar al máximo la vida parlamentaria. Es en el Legislativo donde se sitúa el arquitrabe de una democracia y en España resulta que ese arquitrabe lleva cuatro años como moribundo, paralizado de elección en elección y por un reglamento que potencia mucho las vacaciones de Sus Señorías. Eso, al margen de mantener un sistema que frena las iniciativas y las disidencias particulares, es decir, las voces más libres.

Y, mientras, la España real, una de las Españas reales, se rebela a través de algunas organizaciones, por ejemplo de agricultores, de ciertos chispazos de la sociedad civil que reclaman una mayor descentralización, nuevas formas de financiación autonómica, reformas en las administraciones, una mayor equidad territorial. Tenemos, entre todos, que levantar la moral democrática de este país que se ha ido especializando en trampas, en dar rodeos a las leyes con tal de no trabajar en legislaciones nuevas.

Yo diría que este es un reto que hay que afrontar ya, una vez constituido de forma más o menos satisfactoria -yo lo he criticado mucho, desde luego; pero ahora toca apelar al futuro- un gobierno algo polémico. Y hay que afrontarlo ya , desde este mismo mes de febrero y en este año que todo indica que va a ser crucial para nuestras vidas.



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