EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Impuestos injustos

Son impuestos injustos los que obligan a una doble tributación por un mismo concepto, como el impuesto sobre el patrimonio, y son también injustos los indirectos que gravan sin tener en cuenta el nivel de renta del contribuyente, como el de los hidrocarburos y la mayoría de tasas.
El artículo 31 de la Constitución habla de un sistema tributario «inspirado en los principios de igualad y progresividad», pero en mi opinión lo justo sería «proporcionalidad». Los ricos son mal vistos, como si el Ferrari tuviera la culpa de que el Renault corriera poco, y el primer castigo que se les aplica consiste en que su tributación en lugar de ser proporcional es progresiva, hasta el punto de llegar a tributar el doble, de un 24,75 %  a un 52%. Lo justo es que el esfuerzo sea el mismo, mediante una tributación proporcional por la que el rico paga más porque más tiene, pero al ser progresiva su porcentaje de esfuerzo es injustamente más elevado.     Si el IRPF fuera proporcional, un rico que ganara 100 veces más pagaría 100 veces más, pero como es progresivo puede llegar a pagar 120 o 150 veces más y el esfuerzo no es equitativo; Y lo hace sin recibir nada a cambio. No entran antes en listas de espera para ser operados, ni sus hijos tienen preferencia de entrada en los colegios, ni reciben becas, ni ayudas ni prestaciones sociales. El atrabiliario Echenique ha llegado a proponer que el rico tribute un 95% con el argumento de que «con lo que les queda tienen para vivir muy bien». Pues no iba a quedar un rico a mano para financiarle a ese defraudador de la Seguridad Social un ascensor particular en el Congreso en el que nos vamos a gastar 258.230 euros. ¿No hay un par de conserjes que le aúpen? Por vergüenza, tal gasto yo no lo aceptaría, y él no puede entenderlo.  
Creo que el Gobierno comete esta injusticia para intentar compensar otra, que son los medios que los ricos tienen para defraudar, como las Sicav, los paraísos fiscales, la información privilegiada y otras herramientas financieras. Pero con ello serán las clases medias quienes realmente sufrirán el rigor de Hacienda porque carecen de esos medios para defraudar.
Para incrementar la recaudación fiscal y restaurar la economía hay que promover y facilitar el surgimiento, desarrollo y atracción de riqueza que impulse el crecimiento y la creación de empleo. El socialismo realmente propone la administración de la miseria. Su odio a los ricos les lleva a cargarse a Inditex o a Mercadona, perjudicando realmente a los pobres.
El impuesto de Sucesiones es el gran dilema pues, por una parte, los padres labran su patrimonio por el estímulo del beneficio familiar que es básico en la célula fundamental de la economía. Por otra parte, quien recibe la herencia habría de tributar por algo que adquiere como llovido del cielo, y no habría doble tributación porque el que ya pagó fue el padre. El primer punto de vista exalta la componente familiar de la economía y sería propia de la derecha. La segunda es una actitud redistributiva propia de la izquierda.
La verdadera injusticia de los impuestos es su mal destino, como el despilfarro, el robo y la financiación de estructuras caras e inútiles para beneficios particulares y de una política perversa que llega al despilfarro populista y a la financiación de quienes destruyen la integridad de España.